miércoles, octubre 10, 2007

Second Season/ Los cocodrilos


En la cama y sin tener nada mejor que hacer me puse a leer el periódico. Encontré una noticia en la sección policíaca (nota roja) que me dejó algo intrigado; narraban los sucesos ocurridos a un desconocido la tarde anterior. El desconocido al parecer fue atacado por cocodrilos, en el periódico lo referían como un accidente ocurrido en el zoológico a una persona del sexo masculino. Podía leerse: “Los guardias de seguridad del zoológico escucharon ruidos, específicamente en el área del estanque de los cocodrilos, al ir a percatarse de lo que sucedía se dieron cuenta de que el cuerpo de un hombre era arrastrado por un cocodrilo, de inmediato pidieron ayuda, actuaron de inmediato y por suerte lograron rescatar al hombre, aunque éste ya había sufrido severos daños en una de sus piernas”.

Me pregunté de dónde venia mi fascinación por leer la nota roja y recordé que el día que cumplí diez años recibí un regalo muy peculiar, no fue el regalo en sí, pues resultaron ser unos calzones con la imagen de Mazinger Z, lo distintivo del regalo era su envoltura. Los calzoncillos fueron envueltos en papel periódico, específicamente por la sección policíaca, al abrir el regalo conservé la envoltura y en un tiempo libre leí algunas de las notas impresas en aquella página. Quedé cautivado con la narración y lo trágico de las historias, en mi mente les di algunos tintes románticos y heroicos a los personajes para satisfacer mi morbo. La muerte me atraía de tiempo atrás y darle un toque de heroísmo siempre me gustó, creer que la muerte no es más que nuestro último acto y no merece ser menospreciada. A veces en la muerte, pensaba, radicaba el propósito de nuestras vidas: venir a morir de una manera gloriosa.

Seguí leyendo la nota ya sin atender del todo lo que leía, mi mente se puso a trabajar y comencé a imaginar lo que para mí había llevado a ese pobre hombre a arrojarse a los cocodrilos. Para mi era un acto suicida, un acto de desesperación, un acto de un hombre desolado y triste que pensó encontrar solución a sus males en la boca de los cocodrilos. Me parecía mejor darle un toque de romanticismo la historia que dejar en el olvido al pobre hombre, pues ya había perdido su pierna y no se que otras cosas más, así que yo le daría una justificación a los hechos:

“Paseaban por la ciudad, Él, el desconocido, y el Otro, su amante. El amante hace tiempo se había dado cuenta que Él lo engañaba, dio tiempo para que lo confesara pero Él no lo hizo, así que esa tarde el Otro lo enfrentó. Él negó todo pero el amante tenia fotografías que comprobaban la infidelidad, pruebas contundentes tomadas por él mismo, Él no supo que decir. Todo lo dijo el Otro: se termina aquí lo nuestro, no quiero verte jamás, adiós. Él sintió morirse, era verdad que lo había engañado, le mintió, pero solo al Otro quería, solo del Otro era su corazón. El Otro no entendía pero Él se sentía asfixiado, a Él jamás nadie lo había querido como el Otro, jamás nadie se había preocupado por Él y tener a una persona que lo amara, más que un bien le hacia daño, no se sentía merecedor del amor que el Otro le tenía. Él pensaba que engañándolo provocaría su desamor y le dolería menos el abandono, no imaginó que su corazón se partiría cuando el Otro lo dejara. En el primer semáforo en rojo se bajo del automóvil, corrió tan rápido como pudo y de pronto se vio frente al puerta del zoológico, entró, caminó por los pasillos y estando frente al estanque no lo pensó mucho y se arrojó a los cocodrilos”.

La sensación de perdida que invadió mi cuerpo mientras imaginaba la historia fue muy fuerte, como si yo mismo esa tarde hubiera perdido la pierna y al amor del Otro por culpa de mis inseguridades. Los sentimientos que le puse al desconocido no eran más que los míos. Sentí miedo. Era yo también quien sentía que mi pareja no me merecía estar con alguien como yo, un ser atormentado, una persona resentida con el mundo por el daño que cree le han hecho, un ser incapaz de amarse a si mismo. Temí cometer un acto similar pero ya era muy tarde, el dolor en mi pierna me hizo dirigirle la mirada y darme cuenta de que era yo el protagonista de tal historia. La tarde anterior no solo perdí mi pierna…

martes, octubre 09, 2007

Fin de temporada. (Time to celebrate)


Hoy cumplimos dos meses como parte de la blogosfera. Celebramos con este post, número 51, nuestra permanecía en cartelera. Agradecemos a todos y cada uno de los que nos han honrado con sus visitas y comentarios. Gracias...

El blog fue creado con un fin distinto, más personal, pero ustedes lo han hecho crecer y convertirse en esto que ahora es. Un espacio de expresión. Otra vez: Gracias…

Con este post cerramos la primera temporada, dos meses, y damos inicio a una nueva.

Esperamos sigan disfrutado de las funciones del Teatro Mágico.

lunes, octubre 08, 2007

Corazón y Vodka.

Vodka, Corazón y un par frases…

El primer viernes de cada mes lo escogimos como el día de reunión entre amigos. Recién terminamos la universidad y debido a nuestras nuevas ocupaciones laborales, la familia, nuestras parejas y un largo etcétera, decidimos que no habría mejor día para seguir frecuentándonos, así tales viernes serían en adelante sagrados para todos nosotros. No quedábamos obligados a una reunión semanal y el tiempo en dejar de vernos no sería tan largo, aprovecharíamos el tiempo en esas tertulias para actualizar las noticias acontecidas en nuestras vidas en ese lapso de tiempo. Pasó el tiempo y muchas de las veladas que pasamos juntos se hicieron clásicas de comentarse y recordar.

Refinamos el gusto por el alcohol que en la universidad poseíamos, ahora ya no era cerveza lo que acompañaba nuestras pláticas, sino tequila, vino tinto, vodka y en ciertas ocasiones uno de nosotros invitaba a una botella de nombre elegante y con un contenido llamado “güisqui”. Algunos nos manteníamos aferrados a la idea romántica del funcionamiento del mundo, otros, los que creían haber madurado, nos decían que siempre estuvimos equivocados y el mundo había resultado cruel, competitivo y difícil. A pesar de las diferencias de opinión seguíamos siendo amigos y contándonos sin tapujos nuestras penas y nuevas experiencias.

El primero en faltar a una reunión fue Vodka; lo hizo por que esa noche la conoció al salir de su casa. La reunión había sido programada en mi casa, viernes y a las nueve de la noche, como siempre. Solamente algo extraordinario lo haría faltar y al parecer fue lo que ocurrió.

Vodka, además de ser el galán del grupo, era el más impuntual, y no nos extraño que no llegara a tiempo. Solamente advertimos que no llegaría cuando no había más alcohol y faltaba la botella que traería.

Al salir de su casa y atravesar la calle para tomar un taxi, él no imaginó que su vida se cruzaría con la de Corazón en esa esquina…

- Taxi!
- Taxi!
- Tómalo tú por favor…
- Gracias eres muy caballeroso, podríamos compartirlo… ¿Hacia dónde te diriges?
- Ya no lo sé. ¿Tú?...
- Ja, ¿No me estarás coqueteando?...
- Sí, eso hago…
- Pues yo… justo lo olvidé…
- Te invito una copa, ¿aceptas?...
- Acepto…
- Vodka.
- Prefiero el tequila…
- Vodka es mi nombre…
- Perdón, yo soy Corazón…

Los ojos de Corazón eran una ventana de su alma, Vodka notó durante el tiempo que compartieron el taxi que ella no se encontraba del todo bien; de todos los pensamientos que navegaron en su cabeza, Vodka se inclinó más por la idea de que Corazón se hallaba huyendo de algo o de alguien. El corazón siempre huyendo, pensó y rió para sí. No le importó saber mas, pasaría la noche con ella, tendrían sexo y estaba seguro no la volvería a ver…

- Estando en el taxi reíste de algo sólo, ¿Qué fue?...
- ¿Yo?... Ah sí, ya recuerdo, parafraseé con tu nombre, fue tonto…
- ¿Puedo saber que fue lo tonto?
- Pensé: el corazón siempre huyendo…
- No me pareció tan gracioso, no al menos como lo que yo pensé…
- Ja, ¿Y qué fue más gracioso?
- Que no convendría mezclar a Corazón con Vodka…


La siguiente vez que nos reunimos todos carcajeamos mientras Vodka y Corazón nos narraban la historia.

Continuará…




… Continuación:


Vodka, Corazón y el silencio…


Como era de esperarse, terminaron, Corazón tenía razón: no debe mezclarse el vodka con el corazón. No si el corazón es frágil, se encuentra roto o huyendo…

Vodka también tuvo razón al dudar de Corazón y cuestionarla sobre su conducta, ¿de qué huía?...

Ella no quiso contestar excusándose siempre en que le dolía “hablar de eso”, solo había silencio…

Vodka sentía que solamente se refugió en él…

Vodka se sintió utilizado, como un escape…

Vodka ya no viene más a nuestras reuniones, está triste por que Corazón terminó con él. Nosotros lo extrañamos, las reuniones no son lo mismo sin él, era muy divertido antes de toparse con Corazón, esperamos pronto regrese con el tema ya superado. Mientras tanto hemos invitado con más frecuencia a nuestras tertulias a un conocido integrante, el señor: “Wisky”. Dicen mis amigos que tiene mucha clase, ¿les creo?...

viernes, octubre 05, 2007

La historia del pollo que no quería ser cocinado en mole.

La abuela de O. acostumbraba en los cumpleaños de sus hijos cocinar mole rojo e invitarlos a ellos y a sus familias a celebrar. Todo el año O esperaba paciente se llegara el cumpleaños de su padre, pues debido a su pobreza, ese era el único día que comían en su casa con un gran banquete. Lo cocinado por la abuela consistía en el tradicional mole rojo, arroz blanco, espagueti y unos patoles con chorizo, un manjar para O. En casa de la abuela ese día podía comer todo lo que quisiera, ella cocinaba basto y él era hijo único; el total de personas en la celebración era de cinco, incluyendo a los abuelos.

El menú diario en su casa eran frijoles, tortillas, chiles, huevo y uno que otro día un vaso de leche o queso. No renegaba de su situación, su padre estaba enfermo (alcoholismo) y su madre hacía lo que estaba en sus manos, lavando ropa ajena. No iba a la escuela ya que el dinero no alcanzaba, su madre que si asistió lo enseñaba a leer y escribir; para que no fuera un burro como su padre, le decía. Crecía jugando con una resortera y algunos juguetes viejos regalados por sus primos.

Se llegó el día del cumpleaños del padre, la gran celebración, el día en que su apetito era saciado por un delicioso manjar. Amaneció contento, felicito a su padre y de regalo le dio un abrazo más. Sus padres compartían con él la felicidad de comer como gente bien, según les pregonaba la abuela. Pero ninguno sospechaba lo que en casa de la abuela sucedía.


La abuela salió al gallinero para escoger el mejor pollo, un pollo grande y gordo que fuera suficiente. Extrañamente todos, excepto uno, estaban muertos, destazados, inservibles para ser comidos. De inmediato avisó al abuelo de lo sucedido, debieron ser lo coyotes mujer, éste sentenció. “Malditos coyotes, olvidé que el compadre tiró su barda y seguro que por ahí entraron, pero no te apures vieja, ya compraremos más”. La abuela no pudo evitar mostrar tristeza y congoja.”Es el cumpleaños de P y al pequeño O le gusta mucho venir a comer en éste día, pobres, ya vez como les ha ido con nuestro hijo, pero quedo al menos un pollo” dijo la abuela. Don P no dijo nada más, caminó a la casa.

La abuela trato en muchos intentos de atrapar al pollo y no lo lograba, el pollo corría siempre en la misma dirección y regresaba a su lugar original. Trataba de decirle algo a la abuela, estaba escrito en la pared, pero la abuela no entendía, ¿quién habla con pollos?, ella pronto se dio cuenta de que siempre corría en la misma dirección y le puso una trampa, lo atrapó. El pollo hacia muchos ruidos y no paraba de aletear, era mucha su desesperación por avisar a la abuela que no habían sido coyotes los causantes de la desgracia en el gallinero. Desesperado el pobre pollo mordió a la abuela, ella molesta lo aventó contra la pared, el pollo murió al instante. No pudo advertirle a la abuela lo sucedido la noche anterior.

Había una imagen formada por sangre en la pared, sangre de los pollos muertos, que la abuela no advirtió. Para ella eran simples manchas de sangre tal vez causadas por los coyotes o de otras tantas veces que mato degollando a los pollos, no hizo caso y se fue a comenzar con la preparación de la comida.

Cocinó al pollo, durante toda la preparación tuvo problemas, se apagaba la estufa, quitar el pellejo resulto mas complicado, desaparecían ingredientes, en fin. Era el espíritu del pollo aún tratando de advertirle del peligro de cocinarlo.

Llegaron los invitados, muy limpios y parecía que con ropa nueva, era nueva por que la abuela no la había visto antes, pero estaban usando ropa de una clienta de la madre de O, la usaron sin pedirla, aprovechando que les quedaba a la perfección, se sentaron en la mesa y la abuela sirvió la comida. Un ojo de gallina en mi plato, dijo O. O se asustó mucho, trataron de calmarlo pero su histeria iba en aumento.

-Sabía que no deberíamos usar esta ropa que no es nuestra mamá, que tal que alguien nos ve. Eso quiere decir el ojo.

Salió corriendo de la cocina y se fue a esconder al gallinero, ahí vio la mancha de sangre semejando un ojo. Murió de un infarto, tan pequeño él y el susto fue mayor. Su ropa terminó manchada por la sangre en el piso. Entraron todos y no podían creer lo que sus ojos veían, todo fue llanto y arrepentimiento esa tarde. O no pudo ni siquiera probar el mole que tanto le gustaba…



P.d. Si se preguntan, los pollos se mataron ellos mismos. No querían ser cocinados.-Ja, Ja.

¿Mendigo?

Desapareció del pueblo una tarde de abril, en la familia dijeron que se fue al otro lado a seguir el sueño americano, no se la ha vuelto a ver desde entonces. ¿Qué es seguir el sueño americano? pregunté a papá; cuando la gente dice que se van al otro lado mi'jo, es por que para irse a trabajar a ese país cruzan un rió que divide el de nosotros, México, de Estados Unidos; y seguir el sueño americano es ir a ganar dinero allá. No me dejó conforme la explicación de papá y busque otras más, acudí a mi abuelo un antiyanki genial y me dijo que seguir el sueño americano no era más que irse anticipadamente al infierno, ir a buscar en un país el camino a la perdición, que no era sueño sino una pesadilla -le creí todo.

“A” era uno de mis primos mayores, bastante callado, introvertido. En los veranos o periodos vacacionales ayudaba a mi familia en los trabajos del campo. No lográbamos sacarle una palabra o hacerlo reír, siempre hermético y estoico, como era hijo me mi tía J. “la loca”, suponíamos él heredó la enfermedad. Traviesos como siempre, mi hermano y yo, le gastamos una broma: una tarde cuando ya habíamos terminado los quehaceres lo invitamos a jugar a las estatuas de marfil, no le hizo mucha gracia pero nosotros moríamos de risa –estatuas de marfil- él era una de carne y hueso. Otras veces cuando veíamos que se perdía en su pensamiento, a manera de juego inventábamos en que podría estar pensando. Notó nuestras burlas y por fin habló, que susto nos llevamos, prometió comernos si seguíamos molestando, eso bastó para calmarnos un buen tiempo.

Por su amenaza de comernos vivos confirmamos su demencia. Es por eso que el día que nos enteramos que desapareció nos alegramos, ya no había peligro. Pero en las vacaciones de semana santa, como él ya no estaba, nos ayudó su hermano mayor en los trabajos. Otra personalidad en extremo distinta, éste no paraba de hablar y era muy activo, terminó por fastidiarnos. No se notaba preocupado por no tener noticias del hermano, cosa que me pareció muy extraña. Mi curiosidad no se hizo esperar y que le preguntó. No se, me contestó. Luego habló un poco mas de su hermano, “A, siempre fue muy callado, incluso con nosotros en la casa, yo no sé que haya esta pensado para irse así nomás, mi ‘apa le dijo que se esperara, pero también era muy atrabancado y desesperado, ya quería irse. Yo creo que porque no le gustaba vivir aquí, a veces decía que aquí vivía pura gente mala y mediocre, que vivían del chisme y que no viviría envuelto entre esa gente”. Fue demasiada información que por mi corta edad no comprendí del todo, -a mí qué, me dije.

Un día caluroso, después de haber escuchado a mi primo hablar de su hermano, lo comenté con mi hermano mayor, sus comentarios fueron los siguientes: “ese A está loco, que te apuras, la verdad no sé ni a que se fue, el trabajo no le gusta, seguro allá va a andar mendigando”. Me quedé igual. Mi abuelo de seguro me aclararía todo.

Por un tiempo me olvide del tema, yo creo que porque así somos los niños y me entretuve haciendo que se yo. Ese mismo año falleció mi abuelo, en el mes de noviembre, y ese mismo mes hubo noticias de A. Recordé que no le pregunté a mi abuelo, qué era mendigar y si A terminaría haciéndolo. Las noticias que llegaron confirman lo dicho por mi hermano, A era un mendigo y vivía debajo de un puente. Lo escuché en una de esas pláticas a voz baja de los funerales, la sostenían una tía y una desconocida. Mi tía se lamentaba de la terrible fortuna de su sobrino, pobrecillo, terminar como su madre, que vergüenza para mi hermano, fueron sus comentarios.

Me entristeció la noticia, y ya no tenía un abuelo al cual recurrir. Estuve triste por los dos eventos un largo tiempo, era muy notorio mi estado, y mi madre preocupada me cuestionó, le dije lo que me pasaba y trató de consolarme. “No llores más por tu abuelo el debe estar mejor, y en el caso de tu primo A, también debe estar mejor, si es verdad que es un mendigo, ojala haya perdido la razón. Mira los mendigos son gente que viven en la calle de las limosnas de la gente, de la ayuda que la gente le da, es muy triste vivir así me imagino, además de que está solo. Pobre, siempre vivió aquí muy triste cargando la enfermedad de su mamá, él la quería mucho y la cuidaba, a veces cuando trabajaba aquí con nosotros platicaba conmigo y me contaba que no quería vivir más aquí, que sentía que la gente era muy cruel con él, se burlaban de su mamá. Él la quiere mucho y le molestaba que la gente se burlara de ella, era mucha carga para él por eso huyo, huyó de sí mismo”.

Qué bonito sería estar loco y ser mendigo, pensé en aquel tiempo, no trabajar, vivir de los otros y no tener preocupaciones de gente grande, ser libre, vivir libre. Lo externé a mi mamá y santa regañada que me puso, prohibió que lo pensara siquiera. En fin, hoy estoy un poco loco y me atrae la idea de ser un mendigo, pero recuerdo las palabras de mamá sobre la huida de A y yo no quiero huir, quiero estar loco, me reconozco loco, pero quiero que los demás lo vean y así lo acepten. Qué puedo hacer…


Muy sabias fueron las palabras de mi madre, "A" huyó, puso distancia terrestre, físicamente entre él y gente del pueblo, la que le hacia daño, lo que le hacia daño. Evadió en su locura todo dolor y ahora vive libre. No creo que nos recuerde y me siento aliviado por que yo fui parte de las burlas. Él es feliz, ¿quién se atreve a decir lo contrario? Quizá sea un mendigo, y haya perdido la razón, pero la felicidad que ahora debe tener no creo se compare con la mía. Encontró su sueño en América, ser libre –un sueño universal- y encontró el camino, y no a la perdición…

Abuelo, estuviste equivocado, el camino del sueño americano no siempre lleva al infierno…

jueves, octubre 04, 2007

Amor, delirio y tacones altos.

No se cuando perdió la razón, ni como o por que pasó. Era una loca, eso es lo único que sabia, además de que era mi tía; política, esposa de un hermano de papá. Durante mi infancia, junto con mis primos, acostumbrábamos ir a tocar a su puerta pues la idea de ser raptados por la loca era muy divertida, nos inyectaba adrenalina y hacia de los días de ocio mejores días.

Mi madre nunca estuvo de acuerdo con esa travesura y en alguna ocasión me reprendió por molestar a mi tía, está enferma de los nervios, dijo como si yo entendiera la dimensión de lo que informaba, te pido por favor no vuelvas a molestarla, sentenció. En realidad molestarla no era el fin con el que yo acudía a casa de mi tío, el aire de misterio que ella le imprimía al tener siempre cerrada su casa es lo que me atraía.



La casa de mi tío no tenía puerta principal o ventana que diera a la calle, su frente era solo un portón viejo y destartalado que dejaba ver a través de sus grietas un patio bien cuidado y las puertas de todos los cuartos alrededor de aquel jardín. Cuando por suerte lográbamos ver a mi tía me sentía en extremo emocionado; era una mujer alta, de tez blanca, cabello negro, ojos grandes y obscuros, una voz aguda y una firmeza al caminar siempre en tacones altos.

Un tarde de verano, después de la lluvia acostumbrada, pasó caminando frente a mi casa. Ahí va J.. la loca, me dijo mi hermano, salí a verla y su imagen me conquistó. No parecía una mujer que haya perdido la razón, saludaba con la seguridad de quien conoce a todo el pueblo, vestía muy elegante, quizá su ropa estaba precisamente a la moda, pero era ropa elegante. Era un traje combinado de dos piezas en color azul rey, un sombrero –como de encaje- del mismo tono que sus prendas, zapatillas blancas, por su puesto, de tacón alto. Me quedé frió.

A la hora de la cena interrumpí, con una pregunta que acusaron de imprudencia, pues quería saber porqué decían que estaba loca si yo la veía como gente normal. Mi madre muy atenta espero a que mis hermanos salieran y me contó la historia del porqué mi tía J. perdió la razón.

“Tu tío la conoció en un pueblo que se llama V.G., a tu tío siempre le gusto hacerse pasar por rico y a las fiestas que acudía invitado por sus amigos en ese pueblo tu tía J. también se presentaba. En una de esas fiestas se conocieron, ella se enamoró de inmediato, decía que tu tío parecía doctor, ja. Pobrecita. Tu tío conocedor de que ella pertenecía a una buena familia no le importaron los rumores de la enfermedad de ella, él quería su dinero. Se casaron y cuando ella se dio cuenta de las mentiras tu tío comenzó a enfermarse mas, a él no le importó hacer algo por ella, la abandonó, se fue al otro lado y la dejo aquí con los niños, tus primos. La pobre, llena de niños, con su enfermedad de los nervios, el abandono de tu tío y sin saber que hacer, pues se volvió loca.”

Fue la primera vez que escuche a mi madre llamarla loca, pero no me importó. Me fascinó la historia, era muy romántica, mi tía a mis ojos se volvió loca de amor, por amor. Las siguientes veces que estuve espiando por el portón imaginaba como habría sido el amor entre ellos que la llevo a al locura. Demencia por amor, era mi veredicto. Con atención observaba sus movimientos, maestra en el arte de andar en tacones, no tenía ataques de delirio, vivía en una realidad alterna pero esta realidad no alteraba sus emociones, siempre tranquila, en paz.

Al iniciar mis estudios de preparatoria dejé el pueblo y por consiguiente de tener noticias de ella. No podía seguir mi costumbre vouyerista, ya me daba pena agacharme en ese portón. Mi tío regreso, acabado por la diabetes, y enfermo de gravedad, vivía en la misma casa solo que en otro cuarto. No duró mucho tiempo enfermo como era de esperarse y falleció. Nos preparamos para su funeral. En los pueblos aún se acostumbra que sea en casa del difunto. Aunque suene muy frío, lo primero que pensé es que al fin conocería la casa de “la loca”, después de tantos años de imaginármela tenia una posibilidad en frente.

Llegamos al funeral y la casa resultó ser tan normal como la que yo habitaba junto con mi familia, decepción. Nos encontrábamos en el cuarto de mi tío, rezando cuando escuché su voz, aguda y penetrante, la misma voz que escuché de niño, J. mi tía, mi tía loca, estaba quejándose de la invasión a su casa. Pedía que toda la gente se saliera, dejo de pedirlo de manera educada para hacerlos a gritos. Se encontraba en el patio, otras voces mas le pedían calma, suplicaban se comportara, eran mis primos –sus hijos- y unos de mis tíos. Se negó, escuche los tacones, caminaba de prisa y se dirigía al acuarto donde nos encontrábamos rezando. Por recato no levantaba la mirada, no quería delatar mi curiosidad creciente ante los presentes.


El sonido de los tacones fue cada vez mas cercano, desvié mi cabeza hacia la puerta aún agachado, escuche los últimos pasos. Se detuvo en la puerta, el silencio era total ya nadie rezaba, todos abrevaban, mis ojos fijos en sus pies. Calzaba unos tacones altos de color rojo, el pantalón negro. Levante la mirada atraído por lo ya visto, sorprendente, blusa negra y accesorios en rojo, sus labios pintados con exageración en rojo, su cabello suelto su piel tan joven como la recordaba. Además de loca, bruja, pensé. Fue dueña de todas las miradas, todos los oídos eran suyos, todas las voluntades las gobernó esos instantes. Y solo dijo: buenas noches, ¿quién murió?.

Recuerdos.


Las tardes en casa de mi primo “J” eran definitivamente únicas, fuera de este mundo, sin comparación con las subsecuentes. A pesar de que éramos solo unos niños nuestra imaginación nos era suficiente para explorar otros mundos, tener otras vidas o simplemente ser los héroes que en televisión veíamos.
Los juegos siempre variaban, podríamos jugar nosotros dos solos o con mas niños que conocíamos, todos teníamos juegos propios en los que nos hacíamos participes, pero había un juego en especial que me hacia muy feliz jugarlo, se podía jugar a solas si así lo deseabas, mucha imaginación era el requisito principal. Se trataba de tirarte boca arriba a observar el cielo, de preferencia el la azotea, pasar el rato tratando de desvanecer una nube, imaginar como sería la vida en la luna o las estrellas o simplemente perderte en la tranquilidad de un cielo azul.
Cuando alguno se aburría enteraba al resto de lo que había imaginado, la nube que logró disipar o si observó alguna nube con una forma en especial. Siempre fui el último en hacerlo y en ocasiones aprovechaba los comentarios de todos para hacer los míos. Otras tantas veces yo mentía sobre lo observado, no era que no tuviera imaginación o no pudiera concentrarme en el juego, si no todo lo contrario. Soñaba e imaginaba demasiadas cosas que me daba pena decirles, el juego llegó a convertirse en una ventana para mí, aprendí a soñar despierto y cada oportunidad que se me presentaba la aprovechaba para dejarme llevar por el mundo de sueños al que entraba a mi antojo.
Conservo recuerdos en donde mi padre me llamó la atención por mi distracción, por que me enajenaba en nada. En los trayectos de un pueblo a otro mientras trabajaba con mi papá soñaba despierto, en la escuela, en las tardes libres, antes de dormir, al despertar. Sin imaginarme convertí un juego de niños en una ventana de escape a una realidad que siendo adolescente no pude sobrellevar.
El verano que cumplí los 12 años mi primo se fue del pueblo, siendo yo muy apegado a él resentí mucho su ausencia. En adelante yo me convertí en un ser introvertido, me daba miedo relacionarme y perder otro amigo, así que recurrí a mi juego de manera mas constante, paso el tiempo y empecé a vivir en dos realidades: una alterna-mi vida perfecta- y una realidad cruel-mi vida real-. A ratos perdía noción de lo que vivía, no lograba distinguir si fue un sueño o en realidad lo viví. Nacieron en mí múltiples personajes venidos de todas mis historias inventadas, se reflejaban en mi comportamiento, es como si sufriera un trastorno de personalidad múltiple, que afortunadamente no fue el caso; deje mi vida (la real) en manos del destino y me dediqué a crear una más placentera en mi cabeza.
Como en la vida no es siempre lo que uno quiere no tardé en darme cuenta que vivir de esa forma era absurdo, no era vivir, estaba evitando vivir. Me arriesgué a dejar de soñar con la vida perfecta para involucrarme con el mundo real, y el primer signo que llega a mí de que estaba viviendo es el dolor; sufrimiento, ese sentimiento que tanto traté de evitar. Crecer es sufrir. Amar es Sufrir. Y yo deseaba con toda el alma las dos cosas: crecer y amar.