viernes, octubre 05, 2007

La historia del pollo que no quería ser cocinado en mole.

La abuela de O. acostumbraba en los cumpleaños de sus hijos cocinar mole rojo e invitarlos a ellos y a sus familias a celebrar. Todo el año O esperaba paciente se llegara el cumpleaños de su padre, pues debido a su pobreza, ese era el único día que comían en su casa con un gran banquete. Lo cocinado por la abuela consistía en el tradicional mole rojo, arroz blanco, espagueti y unos patoles con chorizo, un manjar para O. En casa de la abuela ese día podía comer todo lo que quisiera, ella cocinaba basto y él era hijo único; el total de personas en la celebración era de cinco, incluyendo a los abuelos.

El menú diario en su casa eran frijoles, tortillas, chiles, huevo y uno que otro día un vaso de leche o queso. No renegaba de su situación, su padre estaba enfermo (alcoholismo) y su madre hacía lo que estaba en sus manos, lavando ropa ajena. No iba a la escuela ya que el dinero no alcanzaba, su madre que si asistió lo enseñaba a leer y escribir; para que no fuera un burro como su padre, le decía. Crecía jugando con una resortera y algunos juguetes viejos regalados por sus primos.

Se llegó el día del cumpleaños del padre, la gran celebración, el día en que su apetito era saciado por un delicioso manjar. Amaneció contento, felicito a su padre y de regalo le dio un abrazo más. Sus padres compartían con él la felicidad de comer como gente bien, según les pregonaba la abuela. Pero ninguno sospechaba lo que en casa de la abuela sucedía.


La abuela salió al gallinero para escoger el mejor pollo, un pollo grande y gordo que fuera suficiente. Extrañamente todos, excepto uno, estaban muertos, destazados, inservibles para ser comidos. De inmediato avisó al abuelo de lo sucedido, debieron ser lo coyotes mujer, éste sentenció. “Malditos coyotes, olvidé que el compadre tiró su barda y seguro que por ahí entraron, pero no te apures vieja, ya compraremos más”. La abuela no pudo evitar mostrar tristeza y congoja.”Es el cumpleaños de P y al pequeño O le gusta mucho venir a comer en éste día, pobres, ya vez como les ha ido con nuestro hijo, pero quedo al menos un pollo” dijo la abuela. Don P no dijo nada más, caminó a la casa.

La abuela trato en muchos intentos de atrapar al pollo y no lo lograba, el pollo corría siempre en la misma dirección y regresaba a su lugar original. Trataba de decirle algo a la abuela, estaba escrito en la pared, pero la abuela no entendía, ¿quién habla con pollos?, ella pronto se dio cuenta de que siempre corría en la misma dirección y le puso una trampa, lo atrapó. El pollo hacia muchos ruidos y no paraba de aletear, era mucha su desesperación por avisar a la abuela que no habían sido coyotes los causantes de la desgracia en el gallinero. Desesperado el pobre pollo mordió a la abuela, ella molesta lo aventó contra la pared, el pollo murió al instante. No pudo advertirle a la abuela lo sucedido la noche anterior.

Había una imagen formada por sangre en la pared, sangre de los pollos muertos, que la abuela no advirtió. Para ella eran simples manchas de sangre tal vez causadas por los coyotes o de otras tantas veces que mato degollando a los pollos, no hizo caso y se fue a comenzar con la preparación de la comida.

Cocinó al pollo, durante toda la preparación tuvo problemas, se apagaba la estufa, quitar el pellejo resulto mas complicado, desaparecían ingredientes, en fin. Era el espíritu del pollo aún tratando de advertirle del peligro de cocinarlo.

Llegaron los invitados, muy limpios y parecía que con ropa nueva, era nueva por que la abuela no la había visto antes, pero estaban usando ropa de una clienta de la madre de O, la usaron sin pedirla, aprovechando que les quedaba a la perfección, se sentaron en la mesa y la abuela sirvió la comida. Un ojo de gallina en mi plato, dijo O. O se asustó mucho, trataron de calmarlo pero su histeria iba en aumento.

-Sabía que no deberíamos usar esta ropa que no es nuestra mamá, que tal que alguien nos ve. Eso quiere decir el ojo.

Salió corriendo de la cocina y se fue a esconder al gallinero, ahí vio la mancha de sangre semejando un ojo. Murió de un infarto, tan pequeño él y el susto fue mayor. Su ropa terminó manchada por la sangre en el piso. Entraron todos y no podían creer lo que sus ojos veían, todo fue llanto y arrepentimiento esa tarde. O no pudo ni siquiera probar el mole que tanto le gustaba…



P.d. Si se preguntan, los pollos se mataron ellos mismos. No querían ser cocinados.-Ja, Ja.

7 comentarios:

Bruno dijo...

Jajaja! Maravilloso. Con un dejo de Quiroga y otro tanto de desgarbo...

Diego dijo...

yo por eso soy vegetariano... aunque no oigo los lamentos de los vegetales, pero no es tan doloroso comerse algo que, un momento tuvo vida... haber esperate, los vegetales tambien tubieron vida!!.. aaaaaaaaaH, me voy a volver anorexico!. o ya de perdida macrobiotico jeejje.

Saludos.. y abrazos!!

Diego dijo...

que tengas un bonito fin de semana

Morgan dijo...

jajajaja, chale, cada dia me sorprende mas, querido amante mio, que habla a lo cantadito....del merittito nortiiiiii...

si ñorrrrr....

besos mordelones...mmmmm, muchos

Vanto Y Vanchi dijo...

Mole...qué rico...hace siglos que no como mole...y es que el que preparan por estos lares es de lo más insípido...hhmm..enchiladas, quiero mole!!

Ves lo que provocas!!

Diego dijo...

que tenga un inicio de semana magnifico!

Muegano. dijo...

Hmmm! Moleeee! Meses sin comer un buen mole, desde la última vez que mamá muegano estuvo por el norte! ;)