sábado, marzo 25, 2017

Hoy, como desde hace semanas, amanecí con ganas de llorar. De culpar a todos por mis desgracias y mandar al amor al carajo.

Hoy, como desde hace meses, siento que estoy en un círculo de amargura del que no puedo salir.

Hoy, como muchos otros días, regresé a este espacio a tratar de encontrarme entre mis letras.


Hoy, como siempre, olvidé mi contraseña.

martes, septiembre 22, 2009

Del perdón al olvido; y otras batallas perdidas.

Después de algunas batallas perdidas por fin conozco el sabor de la victoria. Es amargo, sobre todo si viene acompañado del dolor, raspa en la garganta como un trago de mezcal; emborracha el ego y disfraza cualquier sentimiento de culpa. Así es como la siento.

Durante muchos días me dediqué a buscarle, y no menos noches le soñé, estuve consagrado a la idea de alguna tarde no verme rendido. Mala la hora en que me encapriché contigo. Nunca fuiste tan importante, siempre tan imprescindible y veme ahora: dependiente de ti.
No hice caso a las estrellas que anunciaban nuestro fatídico destino. Ignoré toda señal de desdicha, abandono o desesperación. Imité expresiones de felicidad y diluí los amargos sabores de la soledad en infusiones de falsos remedios para el amor.
Lo supe en principio y continué en batalla. Ésta vez ganaría, lo sabía. Mi intuición no pudo ser más acertada. Gané por primera vez (y no entiendo porqué me siento derrotado). Ahora me encuentro libre para enamorarme.

jueves, agosto 20, 2009

Diego



Enciende el televisor. Ya es hora de las noticias locales,-escuché decir a mi madre. El abuelo asintió con la cabeza y con esfuerzos llegó a la cómoda dónde se encontraba el televisor. La noticia de la deforestación del parquecito del barrio viejo disparó los niveles de audiencia. Nunca antes una noticia había interesado a tantas personas; ni siquiera los enfrentamientos entre la policía y la delincuencia organizada (al menos más organizada que los departamentos policiacos si lo es). Una cadena comercial negoció con el ayuntamiento ese terreno, un parque no deja dinero fue su excusa, y como la ciudad necesita recursos para obra social: nada mejor que esa venta. Además la reforestación y mantenimiento del parque son muy costosos, está en condiciones deplorables; y los pocos visitantes son solo un puñado de drogadictos o pordioseros que buscan ahí pasar la noche.


Asqueado de la misma nota durante las últimas semanas decidí salir a caminar. Revisé mi mochila y llamé a Tortuga. Fue lo que hice ese día. Tenía que escribir una autobiografía para mi nueva escuela. Aún recuerdo algunas de mis primeras notas.


Diego. Mi nombre es Diego, soy el menor de tres hermanos y este mi perro “Tortuga”. No, no es un perro-tortuga, es mi perro y se llama Tortuga. Le pusimos Tortuga por que cuando llegó a la casa estaba lesionado de una pata, lo que hacía su caminar lento; entonces le pusimos así porque era igual de lento que una tortuga. Antes tenía un pastor alemán que se llama “Tito”, pero es muy violento con la gente desconocida y mejor lo cambiamos por Tortuga. Me gusta pintar, aunque ya tengo mucho que no lo hago. Tengo doce años.


Para mil novecientos noventa y uno hubo un eclipse, ese verano cumplí once años. Igual que como con el eclipse la gente estuvo frente al televisor observando todo lo que pasaba, lo estuvieron también con arranque de la tala del parque. Sin embargo creo que lo sucedido en el segundo evento fue más sorprendente todavía. No lo esperaban. Como nunca esperamos los cambios en nuestras vidas. Todo cambia a veces tan rápido que no da tiempo de asimilarlo, provoca ansiedad y miedo.


Te digo que sí Tortuga. Mi abuelito me dijo que no observara el eclipse sin protección pues me quedaría ciego. Yo no le hice caso y ya ves, ja. Ahora no puedo ver los colores, ya no puedo pintar. Primero si tuve mucho miedo y lloraba, pero después ya no. Ahora también tengo poquito miedo, me gustaba la escuela anterior. Mi mamá dice que es por mi bien, que las cosas están muy peligrosas, que no podemos andar por la calle con tanta violencia. Pero yo tengo a ti para que me cuides.

Los enfrentamientos han comenzado a cobrar vidas de civiles, mi abuelo no puede estar más molesto y asustado a la vez. Clara, grita a mi madre, ya es muy tarde y éste muchacho no ha regresado. Se escuchan disparos. Cerca, demasiado cerca. Tortuga, mi perro, ha llegado solo a la casa. Entre ladridos y disparos la desesperación de mi madre va en aumento, sale a buscarme sin éxito. Nadie lo sabe aún pero he muerto. Mi cuerpo no será encontrado sino hasta hoy…


Siempre me gustó el parque, es un lugar lleno de muchos colores, mis primeros dibujos los hice aquí ¿sabías? No siempre fue tan triste, esto le paso por la gente mala que viene a enterrar a sus muertos aquí, están matando al parque también. Yo lo sé, aunque ya no veo si los escucho en la noche. Mira Tortuga, ¿Quiénes son ellos?...


Las manifestaciones en contra de la tala del parque acallaron los ruegos de mi madre en su afán de encontrarme. Los desaparecidos eran ya cosa común, contario a un panteón en el subsuelo de un parque.

lunes, julio 27, 2009

Miradas esquivas.

Todo lo que sucede últimamente en mi vida tiene relación con la muerte; pensamientos, frustraciones, rebeldía y deseos (desde los más puros hasta los que nacen de mi libido). Rencores, arrepentimientos, alegrías, desilusiones y nuevos amores, -todos mueren. Mi cuerpo es un cementerio. Ya han acudido a mí las plañideras, vaciado sus lágrimas, sembrado unos lirios y rezado por los restos de mi alma. Nada de lo anterior, jamás nunca, fue necesario de hacerse o cumplirse como profecía. Nunca nada fue verdad absoluta en mi vida, no, ni una mentira piadosa confesada en secreto.

Un olor a putrefacción me persigue, aunque yo me escondo entre aromas robados de fragancias contenidas en pequeños envases con nombres de personajes conocidos por la televisión que me encuentro en el basurero, me es imposible no encontrarle a la vuelta de la esquina. Ya lo he intentado burlar vistiendo nuevas ropas, cambiando mi andar e inclusive la mirada en mis ojos. Solo la muerte es segura, susurran los fantasmas de mis recuerdos. La idea de la reencarnación ahora resulta reconfortante. Leí sobre el ave y un monje dice en su libro que todos lo somos una de esas, un ave fénix. De principio me causó risa, pues creí haber leído “feliz”.

Las pérdidas no siempre significan lo que la palabra en sí sugiere, también se gana perdiendo. No es lo que pierdo, es lo que me ahorro comentaba el abuelo. Así que la muerte bajo ese supuesto no siempre significa un desapego, un dejar de existir, una limitación al ser, el final de una emoción o sentimiento, si el ave fénix (mitológicamente) es capaz de resurgir de sus cenizas porqué no lo hemos de hacer nosotros en éste plano.

Estoy cansado, llevo tres semanas caminando sin rumbo, recordando amistades perdidas, alegrías y lagrimas de un pasado fracturado. Nunca estuve tan confundido, ni siquiera el día que escogí a la calle por hogar o el día que él me dijo que me quería y sin embargo al mismo tiempo amenazaba de muerte a mis ilusiones. ¿Por qué la gente no sabe querer?, ¿será que les falta cerebro?, yo creo que el corazón es un musculo tan simple al final que no es que el que nos da la capacidad de querer a los demás, te lo quitan y te mueres. Pero si amas de verdad puedes vivir para siempre, con o sin corazón. El señor que le dicen “el borrado” tiene un marcapasos, sí, es un aparato que le ayuda a su corazón; eso quiere decir que ya no le funciona o está muerto, y él sigue queriendo a su familia. Yo no entiendo. Pero sé muy adentro que un día entendí. No lo sabía todo, es lo que ahora sé, pero entendía que no se muere cuando de amor de trata.


Me pregunto si toda ésta gente que me lanza miradas esquivas se hará las mismas preguntas que yo, desearán recobrar a sus viejos amigos, familia y amores olvidados, y si la necesidad del perdón les roba el sueño como a mí. Al final quién soy yo, un simple limosnero. No siempre fue así, y no lo será para siempre. Estoy muriendo, lo siento ya cercano. El olor a muerte cada día está más presente, y no es culpa de los años que llevo peleado con el baño. Lo sé porque mi corazón se está recuperando, eso lo decía el libro del monje, del cual olvidé su nombre, pero en una frase resumía lo que ahora siento: “una luz que proviene del fondo de un rio revuelto calmará las aguas”.


Pobres mujeres, espero les haya servido la paga por sus lágrimas, no las merezco. Agradezco su intención, es el primer gesto fuera de falsedad que recibo sin importar haber pagado por ello. Sigo invisible a los demás, soy dueño de sus miradas esquivas. Tienen miedo a verme, a reconocerse en mí. No me provocan lástima, ni compasión. Deambularé por el mundo como antes lo he hecho, estoy vivo y voy a celebrarlo. Tal vez mañana me preocupe por recuperar lo perdido.



Y si no… no importa. Siempre queda la esperanza de ser visto.

jueves, junio 18, 2009

Música romántica para dormir cocodrilos.


Si quisiera despojarme de algunos recuerdos juro que no serían los construidos contigo, me dijo la tarde que se fue a buscar nuevas experiencias. Le agradecí su comentario en silencio y me encaminé a la salida de la estación de autobuses. Camino a casa pensé en ello, ¿es tan importante dejar huella en las personas?, ¿por qué nos duele tanto ser olvidados?, ¿acaso valemos por el recuerdo que los demás tienen de nosotros?


Confieso que mis preocupaciones actuales son evitar un futuro solo, que deseo encontrar una pareja con quien compartir mis palomitas de maíz, tomar de su rebanada de pastel y una que otra mañana culparlo de mi fastidio; y aún así seguirle amando. También, debo confesar que, me preocupa mi peso, las huellas de la edad en mi piel, los cabellos blancos de mi cabeza y no conocer las canciones de los “nuevos ídolos pop”, así como que siempre pongo atención a la superficialidad del ambiente homosexual (aunque no lo es en todos los casos) y trato de oponerme a las ideas del sexo en la primera cita, las relaciones “free”, las conversaciones sobre lo último en moda, y tejer la telaraña de quien ya se acostó con quien. Me defino como un chico ultra-conservador, chapado a la antigua y con más miedo que todos los protagonistas de SAW juntos, ya sé que el origen del miedo es distinto, pero miedo al final si lo medimos como emoción.


¿Entonces, de dónde viene éste nuevo cuestionamiento? Posiblemente ya me lo haya preguntado antes y el miedo a la respuesta me hizo olvidarlo o guardarlo en el “archivo muerto” de mi memoria, no lo sé. Sabemos que las relaciones son complejas, no es una teoría en la que yo pueda innovar, ni me interesa hacerlo, mi inquietud no radica en la complejidad de estas relaciones sino en el recuerdo final que dejamos en las personas. No soy del tipo que pregunta a sus amistades como es que le perciben, o qué clase de persona creen que soy pues además de que seré juzgado con subjetividad no quiero saberlo. No, no hasta ahora. Y ni siquiera quiero obtener un perfil psicológico- criminalístico, lo que quisiera saber es si al menos hay una huella de mi en ellos. Si los amigos que creo haber perdido aún siguen ahí.


Hace tiempo leí un artículo en el periódico que mencionaba una granja de cocodrilos dónde su dueño les ponía melodías románticas para calmarlos y evitar enfrentamientos, de esa manera lograr que la piel no se dañara por tanto serían vendidos a un mejor precio a los fabricantes de accesorios. Me viene a la mente ésta nota pues tiene relación directa con mis cuestionamientos actuales, creo que los seres humanos estamos dedicando mucho tiempo a nuestra imagen personal pero de modo equivocado, gastamos miles de pesos en productos que nos hagan ver más jóvenes y bellos, la perfección estética es nuestra batalla diaria, ¿con cuál fin? ¿Terminar en una vitrina como un accesorio a la venta? ¿Y con rebaja?. Si comparo las relaciones humanas con lo que el granjero hace para mantener intacta la piel de los cocodrilos ¿qué música sería la que debemos escuchar? Y regresando un poco, ¿Cuál es la imagen que queremos dar? ¿Cómo queremos ser recordados? ¿Cómo un accesorio fuera de moda?


¿Estamos escuchando las melodías equivocadas? Me pregunto si podremos lograr una paz interior que se refleje en nuestro exterior sin la necedad de recurrir a cremas antiarrugas. O mejor, ¿dejará de preocuparnos nuestra imagen exterior algún día? Mientras llega alguna respuesta disfrutaré de escuchar cada día nueva música. No pierdo las esperanzas de que en un corrido encuentre el amor, o en un vals recupere la respiración mi agitado corazón.


Sigo preocupado, con miedo. Me gustaría mucho que las personas me recordaran por lo que hay dentro de mí, que se dieran el tiempo suficiente para conocerme, a pesar de estar consciente que es casi imposible lo que pido, es el “casi” lo que me hace seguir adelante y pedir nuevas oportunidades. No debería molestarme la superficialidad de nuestra sociedad puesto que encajo perfectamente en ella, me preocupa el trasfondo que en ocasiones esconde: la mediocridad de los seres humanos. Insisto, no quiero ser un “wey” mas, no, claro que no, yo quiero ser “el wey”. Que mis amigos hablen de mí a sus nietos, mi familia esté orgullosa y me presuma. Y de paso, si no es mucho pedir, que el día de mi muerte el amor de mi vida (entiéndase toda la vida) sostenga mi mano.

martes, abril 21, 2009

De Mayor..

¿Alguna vez has tratado de correr hasta que tus energías se hayan agotado y solamente te quede la respiración exaltada, entonces llegue un huracán y se la lleve? Hoy fui el huracán.
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Los seres humanos somos un cúmulo de ideas que transitan en todas direcciones, y como consecuencia directa de todos estos choques deberíamos ser más tolerantes y nuestra capacidad de adaptación al constante cambio un requisito obligado en el currículo de cada uno de nosotros, ¿entonces porqué la intransigencia sigue aquejando a nuestra sociedad?. Escuché todo lo anterior sin pestañear en lo más mínimo, sabía que él tenía razón, de hecho toda la razón, pero ese tema no me merecía interés, tuve otras prioridades antes que preocuparme por un par de vecinos racistas, homofóbicos o fanáticos de cualquier culto. Deberíamos ir al antro hoy, sugerí, noté su reacción molesta por mi desinterés, en respuesta lo abracé. Nadie que limite la libertad de ser quien eres debe ser escuchado, cualquiera que sean sus motivos; sentencié y di señal de que el tema había terminado, al menos para mí.
Llegamos al bar tan puntuales como siempre y estuvimos bailando ubicados en el lugar acostumbrado: cerca de la barra, lejos del baño y en centro de la pista. Lo mejor de la noche sería que nos encontraríamos con un viejo amigo, ex pareja, nos divertiríamos hasta salido el sol y quizás si la suerte nos acompañase tendríamos sexo con algún desconocido; todo según lo acordado. El viejo amigo aviso con un mensaje de texto que no podría acompañarnos, el hecho no bajaría nuestros ánimos aunque no fue así a pesar de mis intentos. A él le seguía inquietando sobremanera el tema de la intolerancia, habló de un artículo que leyó en el periódico días antes. Es imposible creer que en la actualidad existan personas tan cegadas, con eso inicio su comentario para terminarlo así: pero confió que pronto cambie la imagen que tienen de nosotros, pues no somos malos ¿verdad?
Dudé en mi respuesta, decidí no contestar y disimulé saludando a un conocido. Insistió en que le diera una respuesta, salimos a conversar al patio para evitar el bullicio del lugar. Sí, si somos malos le dije, pero no tiene nada que ver con nuestra preferencia sexual puntualicé. ¿Todos tenemos el libre albedrío no? Pues simplemente algunos vemos el lado obscuro más atractivo, y eso no discrimina a heterosexuales, -ja. Reí y aproveche para intercambiar miradas con un extraño.

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En ocasiones me imagino bailando abrazado a él, dejo que guie mis pasos, le cuento sobre mis planes juntos, de los viajes que nos faltan por hacer y lo mucho que lo extrañé mientras aparecía en mi vida, él, el indicado.

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Un sentimiento de tristeza invadía sus ojos mientras daba respuesta a sus preguntas, entendí de inmediato lo que sentía. La empatía no era un casualidad, desde hace tiempo que vengo sintiéndome de esa manera. Preguntándome si acaso existe “el indicado” o si algún nuestros caminos habrán de cruzarse. El no lo sabe, pero no tengo respuestas a sus preguntas, no las que me gustaría decirle y escuchar a la vez. Solamente lo que creo, siento y pienso. Que no somos raros, enfermos o malas personas. Que nuestra decisión de llevar una vida diferente a la mayoría no nos aleja de la “normalidad”, pues, ¿quién es normal al final del día?, pero también dudo y me siento solo. El miedo me carcome por dentro y cuando quiero gritar enmudece mis labios. Me encuentro en la mañanas, muchas de ellas triste, y otras tantas con una afán de huir a un mundo nuevo.

Callé por unos minutos mientras trataba de explicarme a mí mismo, que el hecho de no tener pareja venía molestando ya de tiempo atrás pero que en realidad no era ese mi problema, antes debía resolver otros asuntos. Venía escondiéndome durante un largo tiempo hasta de mi, entonces mi reciente “salida del closet”, me tenía inquieto, una pareja no llega así como así, y yo debía centrarme en conocerme, aceptarme como homosexual y dejar de ser intolerante conmigo. El primer homofóbico que me he topado en el camino he sido yo. Mientras eso no cambie no tendré avances en mi vida. Respiré profundo y le dije: en adelante camino solo.
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¿Has despertado con la conciencia de que algo que no puedes explicar sucedió la noche anterior, pero tu única prueba de ello son tus emociones?

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Hace tiempo que acepté ser su amigo, y ahora trato de convencerme que terminar con su amistad es lo mejor para mí, y ya lo extraño. Él hacia los días llevaderos y menos solitarias las noches. No ha pasado la primera noche y siento que un hueco el lado izquierdo del pecho va disminuyéndose. Es una rara sensación de confort y tristeza.
Mis ojos brillan, lo sé por el espejo que tengo enfrente me ha regalado su destello, le pregunto que si lo ha visto, no me responde pues se ha ido. Se pierde entre todos, busca un nuevo compañero, un pinchazo en mi estómago me advierte los celos que estoy sintiendo pero luego se van y los sustituye el aleteo de miles de mariposas. Regreso la mirada al espejo, me noto apacible, pienso que nuestra amistad posiblemente no haya terminado. Él necesita más de mí, pero yo no quiero necesitarme más a él, me niego.
Me divierte verle coquetear a los menores y ser rechazado por lo que ya se han aceptado…

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¿Cuánto tiempo se puede ser amigo del miedo?

jueves, febrero 26, 2009

¿Me vas a amar después de que amanezca?

Aún es tiempo y yo quiero confesarte un par de cosas, antes de que juremos amarnos y decidamos venderle las ilusiones a un falso corazón. Seguramente tu opinión cambiará y por eso mismo es que quiero descubrirte la verdad. Pediste que fuera honesto, hablaste del cómo te molestaba la hipocresía y la no aceptación. Pues bien, lo haré, te daré un gusto y me lo daré yo también. Quizá después de hacerlo me sienta mejor, o no, pero no es lo que me preocupa; aunque debo decirte que confesarme ante ti no me causa apuro alguno. No hay nada malo en ello, ni nada malo en lo que voy a decirte. Entiendo que un extraño venga y te diga, lo que de mi vas a escuchar, no es un evento cotidiano y no se compra por paquetes o se lleva como una materia obligada en la matricula escolar. No es algo que se comprenda de inmediato, incluso pudiera sonar absurdo en situaciones como la nuestra, tu acabas de conocerme y yo ni siquiera puedo verte a los ojos. Tu calma me inquieta, mi nerviosismo te excita y no hay punto medio entre nosotros. ¿Sabes? Estoy seguro que hay quien ha pasado por lo que nosotros estamos viviendo: un par de extraños tratando de comunicarse mientras tratan de hacer el amor en una insulsa sesión de sexo. Lo que quiero decirte es que mientras entramos y salimos de nuestros cuerpos he abandonado ésta habitación para refugiarme en los brazos de otros extraños. Ésos que me hacen recordar que no debería estar contigo. En mi mente está divagando el recuerdo de relaciones más placenteras, no meramente sexuales, busco la aprobación de mi corazón para experimentar un poco de placer, no lo encuentro. (Entre tanto y tanto una idea seduce a mi cabeza) ¿Quizás soy un suicida?, (y rio a mis adentros) No quiero que te des cuéntalo que estoy pensando. (La idea sigue, y construyo mis argumentos de defensa.) Quizás si lo soy, pues no entiendo cómo los seres humanos vamos matándonos poco a poco, esto no es lo que quiero, puedo quererte a ti pero tus frases menos que cachondas y mas grotescas me desconcentran. Ahora te odio, rectifico lo dicho, es más el odio por lo que estoy haciendo, estoy seguro que no siento odio pues es mas como una frustración, una muerte lenta. ¿Es posible que los seres humanos vayamos muriendo con tan lentitud sin darnos cuenta?, quisiera no creerlo. Haz terminado. No hables, no me hagas hablar. Hay algo que no te he confesado…

- ¿Estás bien? La he pasado muy bien contigo, pero tú estás muy pensativo. Como ausente.
- Sí. Quiero contarte en que he estado pensando, pero antes quiero preguntarte algo…

lunes, enero 19, 2009

Navidad y otros cuentos de cama...

Erase un joven plebeyo en busca del amor, el amor puro que solo puede existir en dos seres hechos el uno para el otro…
Era solo una marcha, una protesta más en silencio, donde se enunciaban nuestros reclamos por los acontecimientos recientes. Al cabo de unas horas aquélla callada manifestación se tornó en una violenta querella pública. Cárteles, mantas y circulares se encontraron tirados en el asfalto; con ellos nuestra esperanza de ser escuchados. No hubo heridos, según los periódicos y televisoras locales.
El invierno tenía semanas de comenzado, el frio aún era soportable y las secuelas por haber estado de fiesta durante dos semanas pasaban factura. El alcohol ardía en mis venas atosigando un propósito incumplido. Me levanté ya muy avanzada la mañana con una sonrisa en el rostro que pronto cambié por una expresión de desconcierto. Me encontraba acompañado por un extraño, no por mucho tiempo, no recordaba su nombre pero si sus besos, su ternura y empatía por mis sentimientos. No hablamos, no esa mañana, no por mucho tiempo.
Seguía sin recordar su nombre, al paso del tiempo deje de recordar su rostro. Las nuevas sensaciones y emociones con él exploradas eran lo único que me quedaba de aquélla noche. Casi terminado el invierno recordé que escribí una carta dirigida a él que no pude enviar, por obvias razones. En ella le explicaba que no pude estar con él esa noche no por qué no me gustase, al contrario me gustaba demasiado, sino que en ese momento mi búsqueda iba dirigida a una pareja estable y que los encuentros ocasionales mas allá de excitarme me atemorizaban sobremanera.
No es que no me emocione el hecho de conocer nuevas personas, recuerdo haberle comentado. Entonces callé y decidí probarme a mí mismo que podía dejarme llevar; así como dejar que disfrutara de mí como yo lo hacía de él. No funcionó. Las complicaciones emocionales que acerqué a mi vida impedían cualquier intento por disfrutarla. Siempre creyendo en el amor eterno, la pareja perfecta, los besos tiernos, las miradas cómplices, los suspiros robados y la vida juntos.
No supe nada más de él sino hasta el inicio del invierno siguiente, fue entonces que su nombre, profesión, fecha y causa de su muerte. No lloré, no había porqué. Agradecí haberle conocido, le agradecí forjar parte de lo que soy. Después de haberle escrito la carta y aceptado que mis intereses también son importantes y que algún desconocido busca lo mismo que yo, superé mis temores de relacionarme y la búsqueda de la felicidad fue más fácil.
A finales del otoño conocí a uno de mis mejores amigos en la actualidad, él me enseño a aceptarme y a buscar apoyo. Por eso decidí ser parte activa de la comunidad LGBT en mi localidad. Veinticinco de diciembre marcaba el calendario el día mi primera participación, ésta sería en una marcha, protestábamos en contra de los crímenes de odio. Tomé de una mesa un tercio de circulares para repartir, mi corazón dio un salto al ver la fotografía impresa. Es él, ahora lo sabía, mi mente lleno con su rostro lo recuerdos por poco olvidados. Regresó a mi memoria el sonido de su voz, el aroma de su cuerpo y la seguridad que me dio al estar entre sus brazos.

Avanzó la marcha por las calles principales de la ciudad, los insultos no se hicieron esperar, no dimos respuesta a éstos. Deje de estar presente en la marcha para recordarle, solo caminé por calles conocidas; ausente de toda realidad. Luego los golpes, la sangre, la histeria, las suplicas, el llanto, el dolor. Nada me despertó de aquel cuento.
Erase la muerte, tan impasible y tan presente…

lunes, noviembre 03, 2008

Sin edad. Sin amor. Sin dinero. Sin ti y sin nada.




De pequeño juré no cometer pecado carnal hasta no cumplir con la edad apropiada. Cuando lo cometí, estoy seguro, no contaba con más del metro y medio de estatura. Ahora con edad suficiente para cometer excesos en la vida prefiero las caminatas por la tarde, los abrazos interminables y los besos dónde se entrega más que el alma. He olvidado el significado de un juramento y no prometo nada que no he de cumplir. Aunque, por contradictorio que parezca, juraré no jurar jamás.

La vergüenza, mas que la culpa, era el sentimiento que atormentaba mis días el verano que juré no cometer pecado carnal –menor dicho: no volver a cometerlo. La lluvia ya había cesado y yo regresaba a casa empapado no solo por el agua, por supuesto que no, bañaba a mi cuerpo un halo de suciedad. El primero había logrado, solo con su mirada, hacerme sentir un ser indigno; y por tanto desmerecedor de un hogar honorable. ¿Cómo vería a mi familia a los ojos? Sodomita era la palabra, que aunque desconocida entonces para mí, sentía llevar tatuada en la frente.

El pago por aquella sesión vouyerista fue un reloj al cual se le encendía la pantalla. La pantalla no fue lo único encendido por esos días, también lo fueron mi curiosidad y mis deseos por volverle a ver. Pasó tiempo antes de repetir el encuentro, cuando sucedió tomé la misma postura: de pie solamente observando mientras él se masturbaba. Sudé y el aroma que mi cuerpo expidió no era como aquel de mis tardes jugando, era un aroma peculiar, delatador. Apreté mis piernas como reflejo al miedo que estaba sintiendo. El pago fueron unos pesos y la promesa de no tocarme jamás. La cumplió.

A tan corta edad se entiende poco de la vida, sigo sin entender a decir verdad, de cualquier forma no volví a ser el mismo. Con mi curiosidad matándome cada noche del verano decidí buscar lo que mis instintos primarios demandaban. Vino un segundo nombre, fuerte a mis oídos y aun más a mis muslos. Sin penetración y con mal sexo oral entro a mi vida para asentarse por un buen tiempo. Después de esa primera vez, el segundo hombre debió esperar a que faltara a mi juramento para terminar lo que hasta hoy sigue inconcluso.

Nuevamente regresaba a casa avergonzado de mis actos, ni las albóndigas que a pesar de ser uno de mis platillos favoritos lograron tranquilizarme. Temeroso de ser castigado por mi conducta juré no cometerlo nunca más. Mis muslos temblaban yo no sé si de miedo o preguntándose cuando volverían a sentir lo que horas antes nos había hecho tan felices. Ya con otro año sumado a mi edad, pocos centímetros más a mi estatura, y mis primeros conflictos de conciencia social y religiosa, le busqué. Encontrándome frente a terreno desconocido hice lo que supuse correcto: encuentros ocasionales y enamorarme de quien no debía hacerlo. No por que no estuviera el segundo hombre disponible, llegó un tercero a mi vida.

Bisutería.




Recuerdo que mi primera intención al comenzar a escribir en un diario fue la de poder resolver algunos de mis tantos problemas existenciales. Todos provenientes de distintos conflictos: molares, emocionales, aceptación, autoestima, y otros tantos que se suman a una larga lista. Escribí todo lo que me causaba enojo, alegría, desamor e incluso repulsión. Dediqué varias páginas a eventos pasados que seguían lastimándome. No esperé poder superar algunos de mis temas pendientes como tampoco estaba en mis planes verme reflejado en mis propias letras. No pude seguir escribiendo, cada vez resulta ser más difícil expresarme y el miedo va en aumento, temo a no ser quien creo soy. Tanto o más como ser joyería de fantasía.

La noche anterior al día que nos mudaríamos decidí deshacerme del diario y todo lo escrito en él, aunque de momento me sentí aliviado al pasar de los días comencé a extrañar su olor, el amarillo de sus páginas y hasta las manchas que una que otra lagrima ocasionaron. Entonces fue que busque expresar todas y cada una de mis emociones, todo coincide con la creación de éste blog. Siempre he dicho que abrirme a los extraños me reconforta y me da una sensación de libertad.

No fue difícil escribir para que terceros lo leyeran, tampoco fue iniciar amistad con algunos. Lo difícil pasaba del otro lado del monitor, debajo de mi piel. El desnudarme frente a una maquina y contarme mis problemas a los extraños me desarrolló una adicción sumada a las otras que venia buscando tiempo atrás. En momentos parecía que mi vida tomaba una dirección para mi correcta. De pronto todo cae y me encuentro conmigo en un lugar donde me siento perdido. Un lugar para mi desconocido, no se si mejor o peor que el inicio de todo, simplemente desconocido.

He mentido a mis amigos al decirles que me encuentro bien, los extraño. Es una sensación que no puedo describir a la perfección pues no extraño su presencia física a mi lado, sus sonrisas o el amor que me expresaban. Extraño todo. Es complicado pues a pesar de que se escuchará egoísta extraño mucho la persona que solía ser al estar con ellos. Abanderado con la idea de ser quien pensaba ser en realidad me abandoné en una búsqueda de mis intereses y me perdí.

Me es difícil verme al espejo y no reclamarme a diario que me he convertido en una joya de fantasía. Temo acercarme a mi familia y amigos pues no se como pedir disculpas. Demasiado orgullo no me ha matado. En mis planes no se encontraba herir a tanta gente, se suponía buscaría solamente mi destino. Me niego a aceptar que lo que actualmente vivo sea el destino final. No quiero estar solo.

Es complejo, incluso para mí, tratar de entender todo lo que ahora vivo. Cuento con nuevas amistades pero sigo extrañando a los que por mucho tiempo me compartieron sus vidas. La idea de poner en primer lugar mis prioridades me sigue acompañando, igual que todos los conflictos que genera. ¿No entiendo porqué simplemente no puedo decidir vivir mi vida? Vivirla y no sufrirla como hasta ahora. Quisiera por fin levantarme un día y saber que todo va a estar bien.
Estoy cansado de no ser honesto conmigo mismo, de dar a los demás lo que de mi esperan o de ponerme una mascara para no creer ser juzgado. Hoy mas que nunca temo ser yo. No quiero mentir. Aceptarme tal cual soy. He creado una telaraña de mentiras. Me he refugiado en cuanto vicio puedo convertir en adicción, he matado mis ilusiones, dejado de lado mis intereses por pretender encajar en algo que ni siquiera disfruto. Evito a toda costa la soledad al grado de pagar con mi vida. ¿Y qué resulta? Que sigo sintiéndome igualmente vacío y engañando a los demás con el poco baño de oro que aun me queda. Reniego de no tener el valor para luchar por lo que para mi importa. Me escondo de todo y de todos. Huyo de cualquier oportunidad de felicidad. Es un vicio más que he adquirido.

jueves, mayo 15, 2008

En este post el título no importa y mucho menos su contenido.

Han pasado ya algunos meses, tres, y mi vida ha cambiado. Si soy condescendiente puedo decir que ha sido para mejor, y siendo objetivo prefiero omitir cualquier comentario. No todo fue una pesadilla pues vaya que me he divertido, el sexo imprevisto y un poco de drogas han salpimentado mis días. Los últimos.

Logré adelgazar tres kilos en un solo fin de semana con un menú a base de cigarros, alcohol y cocaína. Las primeras horas, de un último fin de semana, han sido cruciales pues nunca antes vomité sangre y sentí al mismo tiempo que por mi boca huía el corazón. Ahí le perdí.

Entonces siguieron un martes y las dos horas del mediodía de un viernes. Como años atrás, en el año del mono, en punto de las trece horas, ese viernes, moría y, por placeres sádicos de la vida misma, renací a bordo de un tren sin destino. Desnudo y bañado en sangre me encuentro esperando llegar a la estación correcta. Si es que existe.

B-side/Lado B(itch).

Y llegaste a un lugar dónde no fuiste bien recibido.

El origen de muchas de nuestras discusiones radicaba, por sobre todo, en el hecho de que siempre quise tener la razón respecto a lo acontecido el día que nos conocimos. Ese día lo tengo perfectamente grabado en mi memoria; desde el primer rayo de sol en mi rostro hasta el último aliento de luna. Puedo recordar claramente el cantar de las aves, el ruido de los automóviles en la calle, las gotas de lluvia y el frío que vino después.


Enlistar mis defectos es mi virtud. Quererme poco, mi peor defecto.

Inesperadamente sucedió, sin aviso previo abriste la puerta a un mundo que no era el tuyo. Te obligaste a pertenecer, mudaste tus emociones a un cuerpo vacío y alquilaste, como se hace con un disfraz, una imagen de actor (protagonista) de telenovela en horario estelar. El papel de mártir te cansó y al vuelta de la historia, con bajo nivel de audiencia por cierto, cambiaste a ser el antagonista de un drama destinado al naufragio.

Quererte resultó tan complicado. Odiarte fue tan fácil que hasta olvidé como hacerlo.
No, dijiste con voz firme, y luego tajante terminaste mí relato añadiendo: el día que nos conocimos no hubo lluvia. Tampoco luna, respondí. Pintaba a ser nuestra ultima discusión en relación a lo no sucedido, pero no fue así. La verdad es que ambos mentimos, nos hemos ocultado de nosotros mismos que ahora es difícil reconocernos siquiera. Incluso siendo el mismo.

miércoles, marzo 19, 2008

Amor tras las rejas. (Novela corta) [Búsquese pañuelo antes de leerla]

Todo parecía unirles, el universo mismo conspiró para crearles un presente común, así pues fueron reunidos por una simple causalidad. La soledad que ambos compartían los llevaba por caminos un tanto distantes, siendo de esa manera hasta el día en que ella murió. Quién diría que la muerte de uno pudiera significar nueva vida para dos más.

Laura conoció a Ignacio desde infancia, aunque nunca fueron amigos, vivieron como vecinos en un unidad habitacional hasta que Ignacio abandono la casa de sus padres al cumplir la mayoría de edad. Laura e Ignacio tuvieron una adolescencia sin tantos avatares más que los atribuibles a dos jóvenes con hormonas en desarrollo. Laura no perdió la virginidad sino hasta después del matrimonio e Ignacio antes de los dieciocho años.

Rogelio está ahora en la cárcel, acusado de homicidio, purga una pena a cadena perpetua. Inocente, como muchas de las victimas del sistema penal de un país tercermundista, se ha resignado a pagar por un crimen que no cometió. La falta de recursos económicos en parte le han condenado, aunque a decir verdad son distintos los motivos por los cuales se ha confesado culpable.

La añoranza por años pasados que Ignacio sentía, sumada a la resiente ruptura de su relación, lo hicieron acudir al lugar que anos antes lo vio crecer. Buscarse entre las paredes del viejo edificio le resultaba mas útil que perderse en sí mismo tratando de encontrar explicaciones del porqué le habían abandonado. En el rencuentro con los recuerdos se encontró con Laura, ella ya no era la misma adolescente dulce y soñadora. Contó a Ignacio que se había casado con su único novio pero que el matrimonio había fracasado. Todo demostró a Ignacio que, cuando deliberadamente supuso que ella no era feliz, tuvo razón Aunque la curiosidad de Ignacio era mucha, mayor fue su prudencia y decidió no preguntar más.

Las visitas de Ignacio fueron cada vez mas frecuentes originando por consecuencia una amistad con Laura. Ella le habló de sus problemas con Rogelio y confesó que el final de su matrimonio estaba totalmente ligado a las preferencias sexuales de su exmarido. Laura encontró a Rogelio en la cama con otro hombre, aunque ella intento perdonarle no pudo hacerlo. Exigió el divorcio y ahora sufría una soledad desquiciante.

Rogelio no era ajeno para Ignacio, aunque solo por fotografías le conocía, pues tenía mucho en común con su expareja. Ignacio prefirió no contarle sobre sus preferencias a Laura. Pensando en que sería lo mejor ocultó su pasado nombrando a su expareja con nombre de mujer. La soledad de Laura la hizo confundir la amistad que Ignacio de brindaba, enamorándose de él y fijando todas sus esperanzas en una posible relación.

Ignacio recibió la llamada de Laura una tarde de sábado invitándolo a cenar, esa misma tarde recibió también una llamada de su ex pidiendo una segunda oportunidad. Ignacio pensó en revelarle a Laura la verdad y darse una nueva oportunidad. Cuando llegó a casa de Laura, ésta se encontraba muerta. Ignacio y Rogelio se encontraron por primera vez. La policía no tardo en acudir pues los vecinos avisaron de unos disparos. El arma se encontraba en manos de Rogelio, a pesar de que él no la había disparado. Ignacio describió lo visto a los policías: “cuando abrí la puerta me encontré con éste hombre con el revolver en mano y Laura muerta, tirada en el piso”. La declaración de Ignacio condenó a Rogelio sin derecho a investigación.


Dionisio e Ignacio pasaron la noche juntos, tratando de encontrarse y regalarse otra oportunidad. Los ojos de Dionisio reflejaban culpa, culpa que al pasar de los meses terminó nuevamente con la relación. Esta sería para siempre, se juró Ignacio, decidido a despojarse de todo lo relacionado con Dionisio vació los cajones y tiró todo lo relacionado a él. Sorpresa. En un libro encontró una fotografía de Dionisio y Rogelio. Laura sabía de la existencia de Dionisio y no por las conversaciones que con Ignacio mantenía…


Rogelio recibió la visita de Ignacio un lunes por la tarde. La revocación de la sentencia les ha sido negada por un par de veces. Ignacio no deja de visitarle, ahora son pareja. A Dionisio se lo ha tragado la tierra. Las campañas de Ignacio por conseguir un indulto y baja de pena, o el perdón total se ven ensombrecidas por la preferencia sexual de ambos. Ignacio y Rogelio se han convertido en una bandera para miles de personas que sufren de discriminación en un país en donde ser pobre o diferente significa ser un criminal.

jueves, marzo 13, 2008

De noches de luna (eclipsada), mariposas de fuego y otras imitaciones del amor…

Del inquieto mar.

Es mal de ojo lo que tiene el muchacho, decía mi nana cuando alguno de nosotros pasaba la noche intranquilo, llorando. El llanto que él profería esa noche de invierno fue muy diferente al que yo le conocía, no era como aquel que hubo la noche en que nos conocimos, y está muy lejos de ser parecido a aquél llanto que compartimos cuando terminamos lo nuestro. La nana, en su extensa sabiduría, también decía que el llanto de un hombre puede llegar a taladrar los odios de quien lo escuche y nunca salir de allí; entre muchas otras cosas, cuando el llanto viene de un dolor profundo su sonido es especial: como una música sin ritmo o el rugir de una bestia agonizante.

Llevo noches escuchando aún el rugir de esa bestia, han menguado mis ganas de salir y divertirme, mantengo las ventanas y cortinas cerradas, la oscuridad me reconforta como nunca antes, las paredes con signos que pretendes ser escritos en clave descifrando un mal augurio, todo anda mal estos días. Las noticias anuncian que en pocas horas un huracán tocará tierra, los lugareños debemos evacuar, creo que ya lo hicieron todos excepto yo. Nada tiene que ver con el eclipse de luna que está por ocurrir, según aseguran los meteorólogos, pero yo opino lo contrario. Encontré ayer por la mañana, junto con muchos recuerdos, la fotografía que nos tomamos en el muelle, nuestra última fotografía juntos.



De las alas de fuego.

Él no gustaba mucho de la fotografías, eso si lo teníamos en común, así que cuando se fue me las dejó todas. Las guardé con la intención de un día tirarlas al mar. Sería el día que me olvidara de él y no significaran nada para mí. Luego pensé que el mar no merecía ser contaminado con los recuerdos de un amor eclipsado. Quemarlo todo era una mejor opción. ¿Cómo se pueden acumular tantos recuerdos?

Aunque mi comportamiento, actualmente, dista mucho de los cánones de la “normalidad” he tratado mantener una rutina que me de cierto aire de estabilidad. Ese sonido que taladra mis odios deja poco tiempo para hacer planes de una vida futura. Malgasto mis días escudriñando entra las habitaciones la historia que me trajo hasta aquí. El crujir de las paredes me avisa de la cercanía de algunos recuerdos, y si tengo mejor suerte, de pronto encuentro uno que otro trozo de papel con contenidos como los siguientes:

“Si pensaba que todo cuento de hadas inicia de manera correcta con “érase una vez…” y termina con “vivieron felices para siempre”, pronto tuve que olvidarlo y cambiar toda idea al respecto para sustituirlas por frases que me vinieran mejor.”

“La vida no pinta bien, la situación es ya muy precaria y con el alza de los precios cada día se convertía en una lucha por sobrevivir. Las tiendas departamentales dejaron de ser destino turístico y la carne quedó fuera de mi menú por tiempo indefinido.”

“Una vieja libreta, un par de lápices y miles de ideas en la cabeza lo acompañaban, era un poeta. Poeta menor entre una lista interminable de aspirantes a ocupar el lugar de Sabines, Neruda, Borges o Benedetti; con una notable diferencia: los primeros pretenciosos y los segundos consagrados. Falsos y torpes poemas tratan de imitar lo ya escrito por los grandes, y mas allá de ser solo una mala copia, carecen de inspiración. Escasos recuerdos y una herida en la muñeca menguan la dedicación para escribir.”

“Fue donde a todo ocurrió tratando de encontrar solución, buscó entre las estrellas algunos recuerdos que ayudaran a renovar la inspiración y solamente encontró un cielo vacío. Pero en su pecho aún había cenizas, huellas de un amor aniquilado por el viento, y entonces recordó que para él en lunas pasadas, existió un “érase una vez…”.”

Sin explicación lógica para la razón los trozos de papel se incendiaban después de ser leídos, no sin antes volar por las habitaciones como mariposas con alas de fuego.


De las lunas.

El cielo ha sido muy egoísta y se ha negado a mostrarme a la luna, y últimamente mis conversiones han sido con un cielo gris obscuro que no hace más que llorar. Cuando había inspiración la luna acompañaba nuestras noches y velaba de nuestros sueños. Ahora que solo hay oscuridad los sueños mueren y el hedor a podredumbre es cada vez más fuerte. El olor a culpa no se quita ni con lejía, me dijo la nana cuando robé de casa de mi primo un par de juguetes, hoy el olor a culpa a desecho mis fosas nasales.

[Se escucha desde la T.V.: el huracán ha tocado las playas de…. crash…shhshh…]

Los finales siempre son inevitables. Ya no escucho ningún llanto, y por fin el cielo parase estar despejándose, desgraciadamente no podré ver jamás a la luna. Los gusanos se han comido mis ojos. El mar no me ha llevado con él, me volvió loco con ese llanto encolerizado, me enterró en vida en mi propia casa y se burló de mi cuanto pudo. ¿Qué daño hice al enamórame de él?

Los susurros que me negué a escuchar lo advertían, “ese hombre es del mar y un pacto en noche de luna han celebrado, y solo en noche de eclipse de luna podrán liberarse”, “primero al hombre han de matarle para que regrese libreado cuando el elipse esté consumado”. “El amante del mar a un hombre a encontrado y de él se ha enamorado, pobre del hombre aquel que sus ojos ha puesto en quien su vida ha condenado”.

He perdido toda cordura, y no sé si fui yo quien con el mar, una noche luna, amarle eternamente ha pactado.

miércoles, marzo 05, 2008

Vestido para mamar. (Recortes del diario de un desconocido)

Si, suena muy obsceno el titulo. La historia que les contaré lo es aun más. EL sábado pasado salí a bailar con un amigo, los dos nos aconsejamos sobre como vestirnos para hacer nuestra la noche. Me enfundé en pantalón DKNY ajustado, una camisa corte vaquero roja (no se la marca), mis tenis Puma rojos, un cinto blanco con un alacrán en la hebilla. Me sentía cómodo y eso lo reflejaba, a pesar de que al principio el atuendo me parecía de lo más gay pues un sombrero rojo completaba el atuendo. Recordé el look de Madonna en Music y decidí que le haría un homenaje. La actitud correcta me facilitó atrapar algunas miradas, sin embargo no me garantizó que el final de la noche saldría con ligue. No busqué conquistar a nadie, era “noche de chicas” según mi amigo.

La fiesta, por órdenes del municipio, se terminó a las dos de la mañana. Así que como buenas “lobas” nos fuimos de cacería. ¡Oh, error! En una esquina recogimos a este tipo que de lejos daba buena pinta. Se subió al carro bajo la advertencia de mi amigo que era solo placer por placer, no entendí. Existe gente que el dinero le hace placer, ese fue su caso. Antes de decidirse a decirnos que cobraba tuvimos un encuentro sexual. No penetración, jamás, sexo oral. Que asco.

Mi amigo me cambió el lugar, yo iba manejando y quien necesitaba el encontronazo o aventura sexual era yo, según él. Ya estando con este tipo en el asiento trasero de mi carro me arrepentí, ¿qué hacia yo ahí? Nunca me imaginé que terminaría buscando sexo en las calles, me dí asco, pero no me fui, me quedé y trate de pasarla bien por propio consejo. Además no me vería como un tonto ante mi amigo. El tipo me daba asco y traté de pensar se trataba de otra persona, no levanté la mirada y me dediqué a lo mío. Nada. Si resultados. Pasaron unos minutos y pare lo que hacia. El tipo aprovechó para sutilmente mencionar su tarifa, lo cual me causó mucha gracia, me reí, pedí a mi amigo parara el carro y lo bajara.

Tuvimos que dejar al tipejo ese en dónde lo recogimos, yo quise dejar ahí también mi vergüenza pero no pude. La cargué toda la noche y días después. No es que sea un mocho conservador y miembro de la liga de la decencia, pues estoy muy alejado de eso. La neta la aventura me parece cotorra y que mucha falta me hacia es cierto. Pero no es lo que busco, no es lo que quiero. Es posible que no sepa que quiero, la neta, pero lo que no quiero eso si lo sé y muy bien. No quiero andar de uno a otro, y que me importa no ser experto en la cama o contra historias de desenfreno sexual. Cambiaria todo por un cabrón que me abrazara en el cine mientras vemos una película de terror.

Hoy me río de aquella noche, y la cuento ya sin complejo alguno. Todo deja un aprendizaje y se que buscar amor fingido no es lo mío. Yo sigo buscando los “vivieron felices”, si, por que creo en ellos. Estoy seguro que un día voy a caminar con él por las calles que hoy transito a solas, pronto vamos a disfrutar las aburridas de las conversaciones y a compartir lo mas importante de nuestras vidas. ¿Sería el tipo ese mi destino?

Labios cereza.


La distancia que debía recorrer para dirigirse de su casa al panteón, fue por mucho tiempo mayor que la distancia que existía entre su locura y la razón. Las calles que había que recorrer para se encontraban ya relacionadas con muchos recuerdos, algunos de infancia y los mas tristes de días pasados. El cementerio es simple en su construcción; y además de los antepasados y demás familiares allí sepultados solo un recuerdo lo hacia visitarlo. Una noche antes dos oraciones mal recitadas, más por olvido que por falta de fe, fueron testigos de su arrepentimiento.

Castigarse por actos pasados no resulta sano, le dije en una de nuestras conversaciones. Hablar con él era una actividad que evitaba y una amistad nunca la tuvimos. Siempre fuimos tan diferentes, él tenía labios color cereza y sueños rosas, por mi parte puedo decir que nunca antes soñé sino hasta conocerle. Las diferencias radicaban en que ambos resultábamos ser el opuesto del otro, yo social y atrevido, él introvertido y aburrido. Lo recuerdo también confiado, infantil y despistado.

Corría como si tratara de escapar de alguien, la expresión de su rostro me quedó gravada como tatuaje y la agitación de su respiración aún puedo escucharla. En mi vida había visto a una persona tan asustada. El atardecer le daba un tono de tragedia a los acontecimientos que sucedían, recuerdo a la abuela comentar que los colores ocres y bronces del atardecer se deben a la sangre que tiñe al cielo; no recuerdo la justificación, no escuché la conclusión del comentario aunque después tuve mi propia explicación al respecto. Él seguía corriendo, yo sabía su rumbo, a dónde y porqué quería llegar, y no lo quise seguir.

En una de tantas noches juntos conocimos a Osiris, caminábamos por la calle y de pronto un auto nos alcanza, una invitación a dar la vuelta a la que le siguieron dos años de relación. Era una relación perfecta para un trío, y así lo fue. Pasado un año no enteramos que estaba casado, para mi no era un problema pues la aventura me resultaba mas excitante, en cambio para él la noticia venia a cambiar todo el panorama. Él estaba enamorado, claro, era de esperarse en un chico que todo el tiempo estuvo buscando pareja. Que tonto, pensé. Alguna vez me dijo que no tenia corazón, y es verdad, no lo tengo por que se él siempre lo tuvo consigo.

La noticia del accidente y muerte de Osiris nos llegó con semanas de retraso, de principio no lo buscamos por que se encontraba de vacaciones familiares, la nota del periódico informaba que el choque automovilístico sucedió en la esquina de la librería que visitábamos con frecuencia. Tan sorprendente como esa nota fue la visita de su esposa.
La señora vino a entregarnos un libro, destinatario: Labios cereza.

La reunión fue de lo mas incomoda, basta con decir que la señora insistió en conocer detalles íntimos de quien dijo murió siendo un extraño para ella. Él se mantuvo inerte mientras yo en mi descaro enteraba a la viuda de las aventuras de su marido, era mi venganza por abandonarme, por olvidarme y preferirlo a él.

La distancia entre nosotros fue cada vez mayor, no lo seguiría al panteón. Jamás me ha gustado visitar los panteones. El origen del color rojizo del cielo ahora lo entendía. De pronto y sin explicación lógica el desgarre de mi pecho desaparecía y el sonido del llanto era mas fuerte, me vi en él, me sentí parte de él. Morir de desamor no me sucedería, siempre temí morir de esa manera, moriría de amor. Pero en la vida no siempre es lo que queremos. Labios cereza ha muerto, lo acepté hasta apenas ayer. Es extraño que no haya una tumba a la cual ir a visitarle.

Te preguntarás porqué estoy ahora aquí, en el panteón, visitando tu tumba. Han pasado ya quince años, lo sé. Créeme que lo sé. Han sido mis peores quince años, nadie los pasaría bien en cárcel, eso es seguro. Estuve en un hospital psiquiátrico, cuentan que me encontraron llorando aquí mismo, en tu tumba, que en mi arrepentimiento confesé que fui yo quien cortó los frenos de tu auto. Él siempre tan débil que debí hacerlo yo. ¿Pero qué crees?, nunca hubo un él, siempre fui yo. Trastorno de personalidad múltiple, según lo médicos. Yo digo que es no tener nada que hacer.


-Mujer desconocida: Joven, ¿Conoció a usted a mi hijo?
-Osiris: Perdón.
- Mujer desconocida: ¿Qué si usted conoció a mi Rubén?
-Osiris: ¿Rubén?
- Mujer desconocida: Ésta es la tumba de Rubén.
- Osiris: ¡Qué hermosos labios cereza tiene usted!

La razón es tan desconocida para el amor, como el amor para razón.

lunes, febrero 25, 2008

La triste historia de un corazón solitario y una tarde en agonía.


Parecía que el tiempo se detuvo, todo era silencio, le brillo que tenían los días huyó junto con el canto de los pájaros. Era una tarde mas de domingo, en el fondo diferente a las otras ya vividas, a simple vista era una más. La soledad más clavada a los huesos, restos de ilusiones tirados por la ventana y montón de hojas de papel con intentos de poesía.

-Yo: ¿Te ha pasado que te ves frente al precipicio y, en lugar de alejarte, te avientas?
-La tarde: Todas las puestas de sol.

No hubo mas preguntas de mi parte, esa tarde me senté junto a ella a esperar la puesta de sol. Los colores del atardecer no fueron antes mis favoritos, siempre preferí a la oscuridad de la noche, esperar junto a ella me daba una sensación de confort, pues de una forma inexplicable para mi, compartir la víspera de la noche me hacia sentir menos solitario.

-Yo: No recuerdo cuando fue la última vez que me senté a observar un amanecer ó atardecer, de hecho me he perdido muchos amaneceres. Me he acostumbrado a la noche, sabes, siempre traté de ocultarme y la noche me ofrecía muchas posibilidades de lograrlo. El día no me gusta, su luz es demasiado intensa para mis ojos. Sin embargo, si se encuentra nublado, en posible que salga a pasear un rato. Pensarás que mi gusto por la obscuridad y los días grises deben estar ligados a mi estado de ánimo pero no es así, mi tristeza y desgano no tienen nada que ver con todo esto. Si estoy triste es por que he estado pensando que últimamente no construyo nada en mi vida, creo que en lugar de hacer una vida la estoy deshaciendo. Quisiera ser como tú, qué sabes eres tarde, día y noche y te reconoces así; además de ello te tienes como amanecer y atardecer. En estos momentos no me reconozco a mi mismo, tal vez sea una tarde gris o una noche larga del polo norte. Es posible que a mis doce años haya tenido mas claro lo que quería. He tratado de ser un buen hijo, un buen hermano, estudiante ejemplar, mejor amigo y, ¿sabes qué?, no he sido nada. Lo que disfrutaba en la preparatoria o en la universidad dista mucho de lo que disfruto ahora, he cambiado, si, pero no bien. Me cuesta mucho aceptar que tal vez hayan tenido razón cuando me advirtieron me quedaría solo. Siempre ando con miedo, el miedo a quedarme solo, y luego por qué me quejo cuando me dicen que agarro puro chacal. La neta es que si estoy cansando de creer en todos y en todo, ¿Cuándo van dejar de decirme que soy demasiado bueno para ellos? Eso nadie lo cree, no es más que una excusa. No pueden saberlo si no se dieron la oportunidad siquiera de conocerme. También estoy cansado de jugar limpio y siempre tratar de hacer las cosas de forma correcta, ¿qué me garantiza hacerme el niño bueno y navegar con bandera de honestidad? Hay veces que siquiera sen tan “perra” como muchos otros y lo único que logro es hacerme daño. Otras veces pienso que no voy a lograr navegar en el “ambiente gay”, son tantas cosas las que no me gustan. Mi amigo dice que soy muy “fresa y rosa” para el círculo, que debo ponerme las pilas y decidir de qué lado quiero estar, “de los cazadores o los cazados”, no es suficiente con sentirse ya etiquetado por se gay ¿cómo para tener que elegir otra clasificación mas? Tengo muchas dudas sin resolver para mis veintisiete años y tantas ganas por encontrar a una sola persona que valga la pena. Por eso me siento mas cercano a la noche, la obscuridad que encuentro al ver en mi interior no me deja descubrir qué es lo que realmente estoy buscando. O si estoy buscando algo. También tengo de no encontrar nada y terminar siendo uno del montón, otro dañado emocional y socialmente que solo trata de vengar sus heridas. Te lo había dicho ya desde antes, no me gustan las tardes de domingo, no me gustan como las vivo por qué siempre las quise con compañía. Me dirás que debo a aprender a acompañarme yo mismo, tienes razón, pero ¿Qué sabes tú de soledad si siempre has tenido al sol contigo? Aún cuando mueres.

Entre líneas.

Era ya la quinta línea de coca, mis ojos se cerraban de cansancio, llevábamos treinta y seis horas sin dormir y la fiesta continuaba en tono. Esas dos noches las baile como no lo había hecho antes, bailar es una de mis cualidades y supe sacarle provecho, gracias a mis movimientos fue que él se fijó en mí. Como no quería ser yo quien terminara la fiesta fue que decidí drogarme hasta la segunda noche, solo para aguantar dije, estar bailando me mantuvo despierto la noche anterior.

La primera vez que consumí cocaína lo hice por curiosidad, nadie me ofreció probarla, yo la encontré por casualidad en el auto de mi hermano, de inmediato supe de que se trataba pues harina o carbonato no era lo contenido en ese billete. La inhale a hurtadillas y su efecto no resultó ser lo que esperaba, no volví a consumirla por un largo tiempo.

No conocimos por un amigo en común, la química no surgió de inmediato, anduvimos juntos por unos días y todo se fue dando con el tiempo. De inicio creí tener claro que el coqueteo era solo un juego, luego las cosas comenzaron a subir de tono y no quise que me vieran como un niño inexperto. Me confundían las señales y me presté al juego de ser yo el conquistado.

La segunda vez fue mas placentera, no lo niego, y fui yo quién la buscó. Inhalarla esa noche no era ya por curiosidad o quedar bien con los cuates, no. Esta vez buscaba abandonarme. Ver mis emociones reflejadas en una fotografía panorámica. Era tiempo de la vista panorámica del precipicio de mis emociones. Se que no es justificación, y no la busco.


Me dolía el lado izquierdo, él provocó el dolor. Yo me negué a creerle cada frase que me decía, lo evité cuanto pude sin lograr hacerlo, pero resultó ser una de seas noches que el corazón no me escucha. De principio creí que mi mirada fue totalmente transparente y él descubrió todas mis necesidades, y no solo eso, también creí que había descubierto la fórmula para conquistarme. Supo decir la frase correcta en el momento correcto. Le creí. Seguimos bailando, ahora mas pegaditos, tanto que su respiración se fundía en momentos con la mía. Inhalamos algo de coca.

No sé que número sea esta vez, recuerdo que tomamos mucho alcohol y según dicen la coca te aliviana; así que lo hicimos. No me daba miedo convertirme en un adicto, lo hacia muy de vez en cuando y claro que lo controlaba. El siguiente día solo tenia que dormir hasta tarde para evitar el dolor de cabeza, me daba mucha hambre eso si.

Entre Madonna y Magos Herrera me dijo que solo quería estar conmigo, destacó los rasgos mas visibles de mi personalidad para decirse conquistado. Ahora no eran solo mis ojos y su mirada tierna, también eran mi desenfado, irreverencia y autenticidad, características adictivas. ¿Y qué?, me dije. Para cuando escuchamos a Chabela Vargas yo ya había resuelto que juntos no seriamos buena compañía.

Llevaba ya cerca de un año sin consumir coca, me había prometido no hacerlo pero soy débil de voluntad, bastó que llegara él para recaer, no lo culpo. Tuve miedo de enamorarme de él y hacerlo mi adicción. Se que la sustitución de una adicción por otra no es lo mas sano, es solo que siempre he necesitado de algo mas.

No recuerdo la música se escuchaba de fondo, mi memoria registro nada mas el momento en que toma mi mano y yo cedo a sus peticiones. Luego nos encontramos en la cama, me dice lo que he escuchado ya antes y la sensatez por fin aparece. Sin despedirme y aprovechando que dejó la habitación para ir al baño, abandoné el departamento.

Siempre he sido muy consiente de que soy débil de voluntad y un blanco fácil para las adicciones. Impulsivo-compulsivo sería una buena descripción. Lo hago en todo y con todos, un día comencé a armar un rompecabezas de mil piezas por la tarde y no me fui a dormir hasta no verlo terminado, hubo una vez que conocí a un tipo que me bajo la luna (eclipsada) y las estrellas en una sola noche: cuando me tronó fui a buscarlo hasta su casa mas de una vez para que me diera una explicación. No la hubo. Ya no creo en quienes te bajan las estrellas, pues vivo entre ellas, pero sigo creyendo en el amor tan compulsivamente que, en repetidas ocasiones, me duele el lado izquierdo.

Los siguientes días la idea de llamarlo no me dejaba en paz. Su compañía no era la mejor, pero mi soledad impuesta tampoco lo era. Siempre he buscado enamorarme y encontrar a la persona que pasará la vejez a mi lado. Además del alcohol, cigarros, cocaína y otras adicciones mas he consumido “amor en aerosol”. No voy a negar ahora que sigo esperando al “indicado”. ¿Será que ya lo he encontrado? No. Creo que no.

Solo esta vez, fue lo que me dije. Qué más da, me repetí mientras inhalaba la primera línea, quiero pasármela bien. Si el amor llega. Quiero que aparezca entre estas líneas. Solo que las borré al inhalarlas. Era ya la quinta línea, no hubo mas, ni coca; ni amor.

martes, febrero 19, 2008

Piromanía, Cleptomanía, Mitomanía y otros excesos del corazón…

Contaba con menos de cinco años, según la memoria de mi madre, cuando por accidente prendí fuego a la sala de la casa. El hecho con el tiempo se convirtió en una anécdota familiar y dejó de pertenecerme, aunque yo no lo recordaba con exactitud, era mío, se había convertido en el único recuerdo de infancia con el que contaba pues no hay fotografías que documenten mi vida hasta esa edad. Me molestaba que con el pasar de los años confundieran al protagonista de aquella hazaña y se la adjudicaran a mi hermano dos mayor, ya cargaba yo con el estigma de ser el del medio y vestir la ropa que ya no le quedaba. No odiaba, ni odio, a mi hermano por eso, pero la historia me gustaba demasiado para compartirla.

La anécdota era contada por mi madre a las visitas, la escuché con mucha atención mientras bajaba las escaleras, no mencionó mi nombre en ningún momento. Aunque habría sido mejor pasar inadvertido hice un ruido con mis pies para ser visto, ellos sólo saludaron; correspondí al saludo y abandoné la habitación. Seguro que mi madre aclaró que era yo el incendiario, eso pensé. No fue el único incendio que provoqué a mi corta edad, existió otro.
La primera vez que “mentí gravemente” sentí que mi respiración se cortaba y mis mejillas se sonrojaban a tal grado que era evidente que mentía. Por otro lado, no recuerdo mi primer “mentira inocente” y menos los motivos que tuve para hacerlo; tampoco recuerdo que edad tenía y si mi conciencia entendía las consecuencias de ocultar la verdad. Después, de que a bajo mi conciencia mentí gravemente, me resulto fácil seguir mintiendo a los demás y a mi mismo.

Regresé a casa para encontrarme con una sala vacía y la pregunta sobre dónde había estado todo ese tiempo. Mejillas sonrojadas, corazón acelerado, respiración cortada y yo tratando de imprimirle firmeza a mi tono voz: jugando en la calle, sentencié. Me levanté del sofá, que años antes había quemado, y me fui a mi cuarto. Revisé mis bolsillos y encontré algo que no me pertenecía. El objeto aquel no era un buen augurio. Después lo supe.

Hasta el día de ayer los recuerdos tenían sentido por separado; los años en que sucedieron los distaban y cortaban cualquier relación circunstancial, por un lado un incendio accidental a temprana edad y por el otro una mentira conciente ya entrada la adolescencia. Sin embargo un tercer evento surge de entre mis recuerdos.

El robo no era una de mis cualidades, aunque debo confesar que jamás fui descubierto, y no lo hacia por necesidad pues en casa había lo suficiente, era una inclinación de la que ni yo conocía el origen. La mayoría de las veces lo hacia para llevar conmigo una pertenecía de la persona con la cual me había encontrado. Una manía que me servia para colección objetos pertenecientes a mis conquistas. Robé desde prendas de vestir, cinturones, relojes, cadenas, anillos y cualquier objeto personal hasta sonrisas, miradas, suspiros y corazones enamorados. También, por que igualmente lo robé, ilusiones y días soleados. El primer objeto en la colección fue un encendedor.

Desde que dejé la sala, después del interrogatorio de mi madre, la culpa por haber mentido me siguió como sombra, aunque mas tarde fue fácil seguir mintiendo, engañar por primera vez no me hizo sentir orgulloso. Así que durante un tiempo aprendí a vivir con la culpa.

-Ya lo hemos escuchado mucho, y no ha dicho como sucedieron los hechos ¿podría dejar de abundar en su vida, para proseguir con la declaración?

Para eso estoy aquí seños Juez. Yo me encontraba en casa, triste, muy triste. La vida ya no tenía un sentido para mí, buscando una navaja para quitarme la vida fue que encontré un caja con los objetos que fue coleccionado, ¿recuerda?, de allí tome el encendedor. La idea no vino de inmediato a mi cabeza, tardó un tiempo porqué yo recordé antes a quien pereció el encendedor, casualmente era de él. (Años antes fue él quien quemó parte de mí con ese encendedor) Fue entonces que lo planeé todo, por la tarde me presentaría en su casa y le prendería fuego. Es lo que hice.

-Señor Juez una señora que se dice la madre del joven quiere verlo.

¿Tu si me crees verdad? Tenia que hacerlo. El recuerdo me estuvo quemando por mucho tiempo, nunca me quejé de ningún abuso porqué yo ya no era un niño y también lo deseaba. ¿Pero no a pesar de ello, es un abuso? ¿Despertarle la sexualidad a un adolescente no es un abuso? ¿Es justa la venganza? Por eso lo quemé.

-Joven, tranquilícese, su madre ya nos ha dicho todo, acompáñela. [Pobre chico, tantas manías lo han vuelto loco, él nunca quemó la sala: fue su hermano]

miércoles, febrero 13, 2008

Cocodrilos (Extended version)

{He reescrito este anterior post}




De mañana y en la cama, sin tener nada mejor que hacer, me puse a leer el periódico. Encontré una noticia en la sección policíaca (nota roja) que llamó mi atención de inmediato, dejándome intrigado y hasta cierto punto sobresaltado. La nota narraba los sucesos ocurridos a un sujeto hasta entonces para mi desconocido. El desconocido al parecer fue atacado por cocodrilos la tarde del día anterior, el periódico lo refería como un accidente, los hechos se desarrollaron en el zoológico. En las paginas ya maltratadas podía leerse: “Los guardias de seguridad del zoológico escucharon ruidos, específicamente en el área del estanque de los cocodrilos, al ir a percatarse de lo que sucedía se dieron cuenta de que el cuerpo de un hombre era arrastrado por un cocodrilo. De inmediato solicitaron ayuda, actuaron con rapidez pero sin buenos resultados, lograron rescatar al hombre aunque éste ya había sufrido severos daños en una de sus piernas”.

Aparte mi atención del periódico por instantes y lo primero que vino a mi mente fue la pregunta ¿de dónde venia mi fascinación por leer la nota roja? y recordé que el día que cumplí diez años recibí un regalo muy peculiar. No fue el regalo en sí lo que originó en mí aquel interés, pues resultaron ser unos calzones con la imagen de Mazinger Z (una de mis caricaturas favoritas junto con los Thunder Cats), lo distintivo del regalo era su envoltura. Los calzoncillos habían sido envueltos en papel periódico, casualmente por la sección policíaca, al abrir el regalo, y como parte de un ritual, conservé la envoltura. En una llena de ocio leí algunas de las notas impresas en aquella página que antes fue parte de mi regalo. Quedé cautivado con el estilo de narrativa que usaba el reportero y lo trágico de las historias, así pues solo les di algunos tintes románticos y heroicos a los personajes para recrear una historia que complaciera mi morbo.

La muerte me atraía de tiempo atrás y darle un toque de heroísmo siempre me gustó, siempre he creído que la muerte va más allá de ser nuestro último acto y no merece ser menospreciada. A veces en la muerte, pensaba y pienso, radica el propósito de nuestras vidas: todos venimos a morir de una manera gloriosa.

Retomé mi lectura de la nota ya sin atender del todo lo que leía pues mi mente se puso a trabajar. Comencé a imaginar lo que para mí había llevado a ese pobre hombre a arrojarse a los cocodrilos. En definitiva era un acto suicida, desesperación, un acto de un hombre desolado y triste que pensó encontrar solución a sus males en la boca de los cocodrilos. Me parecía que al darle un toque de romanticismo a la historia sería mejor que dejar en el olvido al pobre hombre que al final terminaría como una estadística más. Ya había perdido su pierna en la boca de un reptil, y no sé que otras cosas más, así que yo le daría una justificación a los hechos:

“Paseaban por la ciudad, Él, el desconocido, y Oscar, su amante. Oscar, su amante, hace tiempo se había dado cuenta que Él lo engañaba, dio tiempo para que lo confesara pero Él no nunca lo hizo así que esa tarde lo enfrentó. Él negó todo pero Oscar tenia fotografías que comprobaban la infidelidad, pruebas contundentes tomadas por él mismo. Él no supo que decir, como siempre, como todas las noches de silencio que vivía con Oscar. Todo lo dijo el Oscar, con entono de voz tranquilo: se termina aquí lo nuestro, no quiero verte jamás, adiós. Él sintió morirse, era verdad que lo había engañado, le mintió, pero solo a él le quería, solo de Oscar era su corazón. Oscar no entendía porqué Él se sentía asfixiado. Resultaba que a Él jamás nadie lo había querido como Oscar, jamás nadie se había preocupado por Él y al tener junto a él a una persona que lo amara, más que un bien le hacia daño, no se sentía merecedor del amor que Oscar le profesaba. Él pensaba que engañándolo provocaría su desamor y le dolería menos el abandono, no imaginó que su corazón se partiría cuando el Oscar lo dejara. En el primer semáforo en rojo se bajo del automóvil, corrió tan rápido como pudo y de pronto se vio frente al puerta del zoológico, entró, caminó por los pasillos y estando frente al estanque no lo pensó mucho. Se arrojó a los cocodrilos”.

La sensación de pérdida que invadió mi cuerpo mientras imaginaba la historia fue muy fuerte, como si yo mismo esa tarde hubiera perdido la pierna y al amor de Oscar por culpa de mis inseguridades. Los sentimientos que le puse al desconocido no eran más que los míos. Sentí miedo. Temblé. Era yo también quien sentía que mi pareja no merecía estar con alguien como yo, un ser atormentado, una persona resentida con el mundo por el daño que cree le han hecho, un ser incapaz de amarse a si mismo. Temí cometer un acto similar pero ya era muy tarde, el dolor en mi pierna derecha me hizo dirigirle la mirada y darme cuenta de que era yo el protagonista de tal historia. La tarde anterior no solo perdí mi pierna…