El primer viernes de cada mes lo escogimos como el día de reunión entre amigos. Recién terminamos la universidad y debido a nuestras nuevas ocupaciones laborales, la familia, nuestras parejas y un largo etcétera, decidimos que no habría mejor día para seguir frecuentándonos, así tales viernes serían en adelante sagrados para todos nosotros. No quedábamos obligados a una reunión semanal y el tiempo en dejar de vernos no sería tan largo, aprovecharíamos el tiempo en esas tertulias para actualizar las noticias acontecidas en nuestras vidas en ese lapso de tiempo. Pasó el tiempo y muchas de las veladas que pasamos juntos se hicieron clásicas de comentarse y recordar.
Refinamos el gusto por el alcohol que en la universidad poseíamos, ahora ya no era cerveza lo que acompañaba nuestras pláticas, sino tequila, vino tinto, vodka y en ciertas ocasiones uno de nosotros invitaba a una botella de nombre elegante y con un contenido llamado “güisqui”. Algunos nos manteníamos aferrados a la idea romántica del funcionamiento del mundo, otros, los que creían haber madurado, nos decían que siempre estuvimos equivocados y el mundo había resultado cruel, competitivo y difícil. A pesar de las diferencias de opinión seguíamos siendo amigos y contándonos sin tapujos nuestras penas y nuevas experiencias.
El primero en faltar a una reunión fue Vodka; lo hizo por que esa noche la conoció al salir de su casa. La reunión había sido programada en mi casa, viernes y a las nueve de la noche, como siempre. Solamente algo extraordinario lo haría faltar y al parecer fue lo que ocurrió.
Vodka, además de ser el galán del grupo, era el más impuntual, y no nos extraño que no llegara a tiempo. Solamente advertimos que no llegaría cuando no había más alcohol y faltaba la botella que traería.
Al salir de su casa y atravesar la calle para tomar un taxi, él no imaginó que su vida se cruzaría con la de Corazón en esa esquina…
- Taxi!
- Taxi!
- Tómalo tú por favor…
- Gracias eres muy caballeroso, podríamos compartirlo… ¿Hacia dónde te diriges?
- Ya no lo sé. ¿Tú?...
- Ja, ¿No me estarás coqueteando?...
- Sí, eso hago…
- Pues yo… justo lo olvidé…
- Te invito una copa, ¿aceptas?...
- Acepto…
- Vodka.
- Prefiero el tequila…
- Vodka es mi nombre…
- Perdón, yo soy Corazón…
Los ojos de Corazón eran una ventana de su alma, Vodka notó durante el tiempo que compartieron el taxi que ella no se encontraba del todo bien; de todos los pensamientos que navegaron en su cabeza, Vodka se inclinó más por la idea de que Corazón se hallaba huyendo de algo o de alguien. El corazón siempre huyendo, pensó y rió para sí. No le importó saber mas, pasaría la noche con ella, tendrían sexo y estaba seguro no la volvería a ver…
- Estando en el taxi reíste de algo sólo, ¿Qué fue?...
- ¿Yo?... Ah sí, ya recuerdo, parafraseé con tu nombre, fue tonto…
- ¿Puedo saber que fue lo tonto?
- Pensé: el corazón siempre huyendo…
- No me pareció tan gracioso, no al menos como lo que yo pensé…
- Ja, ¿Y qué fue más gracioso?
- Que no convendría mezclar a Corazón con Vodka…
La siguiente vez que nos reunimos todos carcajeamos mientras Vodka y Corazón nos narraban la historia.
Continuará…

… Continuación:
Vodka, Corazón y el silencio…
Como era de esperarse, terminaron, Corazón tenía razón: no debe mezclarse el vodka con el corazón. No si el corazón es frágil, se encuentra roto o huyendo…
Vodka también tuvo razón al dudar de Corazón y cuestionarla sobre su conducta, ¿de qué huía?...
Ella no quiso contestar excusándose siempre en que le dolía “hablar de eso”, solo había silencio…
Vodka sentía que solamente se refugió en él…
Vodka se sintió utilizado, como un escape…
Vodka ya no viene más a nuestras reuniones, está triste por que Corazón terminó con él. Nosotros lo extrañamos, las reuniones no son lo mismo sin él, era muy divertido antes de toparse con Corazón, esperamos pronto regrese con el tema ya superado. Mientras tanto hemos invitado con más frecuencia a nuestras tertulias a un conocido integrante, el señor: “Wisky”. Dicen mis amigos que tiene mucha clase, ¿les creo?...







