Se escucha en los altavoces de la sala del cine una triste canción que acompaña a los créditos finales de la película que recién terminamos de ver. Yo llevo restos salinos en mis mejillas, huellas de lágrimas, testigos mudos del llanto que la última escena me arrancó, él por su parte muestra una sonrisa forzada para mal disimular su enfado. Abandonamos la sala y caminamos por los pasillos en absoluto silencio.
Rompe el silencio; -tienes unos muy expresivos, dice mientras me observaba por el espejo retrovisor. Hace frió y éste mismo se me claba ya en los huesos, tardo en contestar a su comentario-halago, cuando al fin puedo responderle solo digo “¿sí?, ya me lo habían dicho antes”. Con una mueca que dejaba ver una sonrisa correspondemos al comentario, después nuestra mirada se desvía hacia un automóvil que sale del estacionamiento del centro comercial.
Siento un escalofrío y regreso la vista al retrovisor, solamente mis ojos se reflejan, aprovecho para buscar la expresividad encontrada en ellos por otros, pero no hay nada más que restos de sal. En breve concluyo que la expresividad ha desaparecido segundos antes, en el instante mismo en el que él se fue. Clavo la mirada al espejo retrovisor y allí le abandono; es el lugar donde él apareció por primera vez.
Rompe el silencio; -tienes unos muy expresivos, dice mientras me observaba por el espejo retrovisor. Hace frió y éste mismo se me claba ya en los huesos, tardo en contestar a su comentario-halago, cuando al fin puedo responderle solo digo “¿sí?, ya me lo habían dicho antes”. Con una mueca que dejaba ver una sonrisa correspondemos al comentario, después nuestra mirada se desvía hacia un automóvil que sale del estacionamiento del centro comercial.
Siento un escalofrío y regreso la vista al retrovisor, solamente mis ojos se reflejan, aprovecho para buscar la expresividad encontrada en ellos por otros, pero no hay nada más que restos de sal. En breve concluyo que la expresividad ha desaparecido segundos antes, en el instante mismo en el que él se fue. Clavo la mirada al espejo retrovisor y allí le abandono; es el lugar donde él apareció por primera vez.
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Camino a ningún lugar escucho en el automóvil la misma canción triste que acompañaba la escena final de aquel filme, evoco las imágenes llenas de colores proyectadas en la pantalla, las tengo enfrente. La canción taladra mis oídos, las lágrimas acuden al llamado de los recuerdos y nuevamente aparece él…
Acelero, se disipan los recuerdos. Acelero, ya no está. Acelero, ninguno existe. Acelero…
…y muero.
Bajo velocidad, no estoy muerto. Bajo velocidad, respiro. Mantengo el paso, sigo en el camino…
…hacia algún lugar.

