miércoles, octubre 10, 2007

Second Season/ Los cocodrilos


En la cama y sin tener nada mejor que hacer me puse a leer el periódico. Encontré una noticia en la sección policíaca (nota roja) que me dejó algo intrigado; narraban los sucesos ocurridos a un desconocido la tarde anterior. El desconocido al parecer fue atacado por cocodrilos, en el periódico lo referían como un accidente ocurrido en el zoológico a una persona del sexo masculino. Podía leerse: “Los guardias de seguridad del zoológico escucharon ruidos, específicamente en el área del estanque de los cocodrilos, al ir a percatarse de lo que sucedía se dieron cuenta de que el cuerpo de un hombre era arrastrado por un cocodrilo, de inmediato pidieron ayuda, actuaron de inmediato y por suerte lograron rescatar al hombre, aunque éste ya había sufrido severos daños en una de sus piernas”.

Me pregunté de dónde venia mi fascinación por leer la nota roja y recordé que el día que cumplí diez años recibí un regalo muy peculiar, no fue el regalo en sí, pues resultaron ser unos calzones con la imagen de Mazinger Z, lo distintivo del regalo era su envoltura. Los calzoncillos fueron envueltos en papel periódico, específicamente por la sección policíaca, al abrir el regalo conservé la envoltura y en un tiempo libre leí algunas de las notas impresas en aquella página. Quedé cautivado con la narración y lo trágico de las historias, en mi mente les di algunos tintes románticos y heroicos a los personajes para satisfacer mi morbo. La muerte me atraía de tiempo atrás y darle un toque de heroísmo siempre me gustó, creer que la muerte no es más que nuestro último acto y no merece ser menospreciada. A veces en la muerte, pensaba, radicaba el propósito de nuestras vidas: venir a morir de una manera gloriosa.

Seguí leyendo la nota ya sin atender del todo lo que leía, mi mente se puso a trabajar y comencé a imaginar lo que para mí había llevado a ese pobre hombre a arrojarse a los cocodrilos. Para mi era un acto suicida, un acto de desesperación, un acto de un hombre desolado y triste que pensó encontrar solución a sus males en la boca de los cocodrilos. Me parecía mejor darle un toque de romanticismo la historia que dejar en el olvido al pobre hombre, pues ya había perdido su pierna y no se que otras cosas más, así que yo le daría una justificación a los hechos:

“Paseaban por la ciudad, Él, el desconocido, y el Otro, su amante. El amante hace tiempo se había dado cuenta que Él lo engañaba, dio tiempo para que lo confesara pero Él no lo hizo, así que esa tarde el Otro lo enfrentó. Él negó todo pero el amante tenia fotografías que comprobaban la infidelidad, pruebas contundentes tomadas por él mismo, Él no supo que decir. Todo lo dijo el Otro: se termina aquí lo nuestro, no quiero verte jamás, adiós. Él sintió morirse, era verdad que lo había engañado, le mintió, pero solo al Otro quería, solo del Otro era su corazón. El Otro no entendía pero Él se sentía asfixiado, a Él jamás nadie lo había querido como el Otro, jamás nadie se había preocupado por Él y tener a una persona que lo amara, más que un bien le hacia daño, no se sentía merecedor del amor que el Otro le tenía. Él pensaba que engañándolo provocaría su desamor y le dolería menos el abandono, no imaginó que su corazón se partiría cuando el Otro lo dejara. En el primer semáforo en rojo se bajo del automóvil, corrió tan rápido como pudo y de pronto se vio frente al puerta del zoológico, entró, caminó por los pasillos y estando frente al estanque no lo pensó mucho y se arrojó a los cocodrilos”.

La sensación de perdida que invadió mi cuerpo mientras imaginaba la historia fue muy fuerte, como si yo mismo esa tarde hubiera perdido la pierna y al amor del Otro por culpa de mis inseguridades. Los sentimientos que le puse al desconocido no eran más que los míos. Sentí miedo. Era yo también quien sentía que mi pareja no me merecía estar con alguien como yo, un ser atormentado, una persona resentida con el mundo por el daño que cree le han hecho, un ser incapaz de amarse a si mismo. Temí cometer un acto similar pero ya era muy tarde, el dolor en mi pierna me hizo dirigirle la mirada y darme cuenta de que era yo el protagonista de tal historia. La tarde anterior no solo perdí mi pierna…

4 comentarios:

Dídac Muciño dijo...

ME quede mudo, sin palabras, por que es estan magnifica la historia, como hilasas dos realidades y terminar con una fatal... imprecionante, cada vez veo que tienes un gran talento en manejar este arte de la escritura, tus escritos, que son legibles de entender... tan facinante.

Uno quiere abrir las puertas para una buena salida... pero aveces la salida es fatal para los que no han amado a la vida, pero para otros es tan acertada.. y hablo del suicidio.

p.D; oye tengo ganas de tener una platica con usted.. como le ago para que me de su msn?

Saludos que tenga un bonito Jueves

Anónimo dijo...

no manches,me akorde de la nota ke salio hoy en el periodiko, kacharon a un bato del DF ke se komía a sus novias y lo enkontraron kocinando a una y kon la pierna de otra en el refri :S

Muegano. dijo...

Me gusta, me gusta la historia y la justificación de la misma, la parte de la psicología de los miedos y las inseguridades que ahogan y matan cosas chidas. Me gusta el final...es salvaje y al tiempo surrealista.
;)

Morgana dijo...

hola querido amante mio....leyendo y leyendo de lo que me he perdido...

le dejo besos mordelones